Miércoles, 12 Marzo 2014 10:12

A DERROTAR EL NUEVO PACTO DE PUNTO FIJO CONTRA EL FASCISMO Y EL REFORMISMO CON LA LUCHA DE IDEAS Y DE MASAS

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Lo que aquí se está jugando es la suerte misma de la posibilidad revolucionaria y socialista no solo para Venezuela, sino para los pueblos del mundo entero

En medio de un virtual escenario de escaramuzas previas a un gran enfrentamiento entre sectores fascistas y paramilitares, que han instrumentalizado a un sector de la juventud y a un sector determinado de las capas medias por un lado, y la gran mayoría del pueblo pobre y explotado que cansado ya de tanta agresión y de tanta desidia del reformismo, prepara la defensa de su proceso emancipador del otro lado, observamos con preocupación cómo el gobierno sigue una táctica que nos puede conducir a la derrota definitiva.


Es necesario aclarar aquí que lo que está en juego no es la suerte de un presidente, ni tampoco el derrotero de un gobierno conducido erráticamente por los sectores más moderados del reformismo criollo, que representa en gran medida, los intereses de una nueva burguesía que pugna en un conflicto interno con la burguesía tradicional venezolana.


Lo que aquí se está jugando es la suerte misma de la posibilidad revolucionaria y socialista no solo para Venezuela, sino para los pueblos del mundo entero.
Es así como el gobierno asediado por la asonada fascista, se apresuró a instalar la Conferencia de Paz y dialogo nacional. A esta Conferencia, fueron invitados distintos actores de la vida nacional, pero principalmente el gran empresariado nacional, reunido en torno a los doce puntos que presentó a la Conferencia Lorenzo Mendoza, dueño de empresas Polar y líder del empresariado nacional. En estos doce puntos iniciales se encuentra el resumen de reivindicaciones que tiene la burguesía tradicional, para imponer al gobierno usando la violencia fascista como medio para imponer sus condiciones.


El solo hecho de imponer un dialogo político a menos de un año del gobierno del Presidente Maduro, ya es un gran triunfo de la estrategia golpista toda vez que en la última elección popular, fueron ampliamente derrotados los sectores burgueses y no tenían otra vía que no fuera la supra institucional para imponer su agenda política y económica al gobierno.


Este último por su parte, alejado del sentir popular de enfrentar en forma resuelta la amenaza fascista burguesa, busca los acuerdos macro políticos con la burguesía y entrega para ello muchas más regalías a los empresarios como si estas ya no fueran suficientes.En el centro de la disputa esta por supuesto el reparto de la renta petrolera entre la burguesía emergente, representada por los miles de nuevos ricos boliburgueses y la vieja oligarquía acostumbrada a tener siempre todo el pastel.


Lo que está en horizonte sin duda, es un nuevo pacto de clases, semejante pero a la vez distinto al llamado "Pacto de Punto Fijo" tristemente célebre por su secuela de hambre, miseria y muerte del pueblo trabajador.


Es por eso que la apuesta del gobierno es por arriba, alejado de la solución con las masas, donde el pueblo solo participa para aplaudir los nuevos acuerdos inter burgueses y vitorear las consignas que lo alejan del verdadero legado del proceso revolucionario.


Es por eso que consideramos de primer orden, aglutinar fuerzas e instalar un nuevo actor en este conflicto de clases; el pueblo trabajador, pobre y explotado de la ciudad y el campo, que sufre objetivamente los efectos de la crisis desatada como consecuencia de un capitalismo de Estado y rentístico, que favorece la consolidación de una nueva burguesía en pacto perenne con la oligarquía tradicional.


Un movimiento social atomizado, coaptado por el institucionalismo, el clientelismo y el sopor desmovilizador de un partido que solo funciona como plataforma electoral, para la consolidación del poder de unos líderes de dudosa capacidad, sumergidos en el juego de las apetencias propias de una corrupción desenfrenada y de gestión ineficiente, tiene hoy el deber de levantarse de sus cenizas y reinstalar su propio pliego de peticiones, reivindicaciones, reclamos, denuncias, pero también sus luchas legítimas y por supuesto, su autonomía de clase frente a un Estado que busca maniatarlo y someterlo a un destino de mayor explotación.


Tal como la oligarquía parasita forzó a este dialogo que tiene por fin asegurar sus intereses, el pueblo trabajador debe forzar al gobierno a discutir su propia agenda reivindicativa, que lo fortalezca y lo instale como un nuevo actor dentro de la política nacional.


Este dialogo con el gobierno de los sectores populares, debe darse en el marco de una ascendente movilización por la defensa de la soberanía, hoy amenazada por la virtual invasión paramilitar que tiene por cabeza de playa el Táchira.


Los límites institucionales propios de un sistema capitalista, que se niega a morir y que se recrea a sí mismo, ahora encuentra su fortaleza en el reformismo, no deben ser un problema para la movilización del pueblo que debe recuperar sus históricas herramientas de lucha.


La organización social y política de las y los trabajadores, y explotados de la ciudad y el campo.


Venezuela por su importancia geoestratégica y energética, siempre ha sido un laboratorio de prácticas contra insurgentes. Esta prácticas no solo se refieren a la represión directa y a la infiltración descarada de cuanta organización social o política se ha propuesto superar el capitalismo. Sino también se refiere a consolidar la fragmentación del movimiento social y revolucionario.


Una de las expresiones de esta fragmentación es la existencia de los llamados "Colectivos", organizaciones de hecho y derecho, algunas que existen en determinado territorio que dan cuenta una problemática local, pero también organizaciones que se reclaman como políticas revolucionarias, pero que en último término, son conducidas por líderes o caudillos locales, en forma abierta o encubierta, que orientados muchas veces en conceptos difusos alejados de su definición de clase, solo sirven para mantener un movimiento social débil y desperdigado en miles de pequeños trozos, tal como le conviene al capitalismo y a la burguesía para mejor gobernar.


Un ejemplo claro de lo anterior lo podemos ver que mientras el reformismo, el fascismo y la derecha oligarca tradicional, orientaban a sus huestes a la existencia de partidos fuertes en forma independiente de su contenido político, de sus tácticas y estrategias diferentes, el movimiento político y social revolucionario se mantenía fragmentado bebiendo del insumo de teorías anti partido y de ideas que negaban la existencia de las clases.


Cuando estalla una vez más el agudo conflicto de clases actual por la renta petrolera, en definitiva por la transferencia de la plusvalía y la derecha apuesta por su acepción fascista, en forma fuerte y planificada, con una estructura de carácter político militar reforzada por la presencia paramilitar de carácter vertical, que le permite operar simultáneamente en distintos territorios a través de estructuras de mando político y control militar, el reformismo por su parte, expresado en el partido de gobierno recurre a sus estructuras electorales, conformadas en unidades de batalla Llamadas Hugo Chávez, e impulsa el respaldo al presidente que se expresa en medidas y calculadas movilizaciones de calle, que buscan homogenizar el rechazo al fascismo con el respaldo a un gobierno reformista, que abandona cada vez el impulso original del 27 de febrero y que luego dio lugar al 4 de febrero.


Por su parte el movimiento social revolucionario, que busca romper con el clientelismo y el seguidismo a la boliburguesia, se ve dificultado en su convocatoria, en su organización y movilización al actuar sin hacer un análisis de los factores antes expuestos, mantiene gran parte de los vicios de la vieja izquierda y algunos nuevos inoculados por la mano post modernista.


En medio de ese cuadro de desventaja estratégica para los intereses reales de la revolución socialista, se empieza lentamente a realizar un nuevo esfuerzo gatillado por la crisis actual, que sorprende al movimiento popular sin organización, sin táctica ni estrategia clara y visible de poder.


Este esfuerzo sin duda está presente en el nobel Consejo Popular Revolucionario, que surge impulsado por la crisis y compuesto de decenas de pequeñas organizaciones sociales, políticas, en las que sin duda están presentes visiones y tácticas diferentes, y algunas hasta contradictorias.


Esa es precisamente su fuerza y a la vez su debilidad para transformarse en un referente político con real vocación de poder, que enfrente por un lado a la oligarquía y al fascismo, pero que también dé cuenta del reformismo boliburgues, y sepulte las pretensiones de la nueva burguesía de gobernar mediante un nuevo pacto de Punto Fijo.
Tales contradicciones solo se resolverán en la medida que los integrantes más preclaros aborden la iniciativa con generosidad política, con visión estratégica, pero por sobre todo, colocando en el centro la objetiva composición de clase del movimiento y se armen de una teoría revolucionaria que para nosotros, sigue siendo el marxismo.
La realidad puede ser el catalizador que falta para que aquellas organizaciones que dan vida a dicho Consejo, les pueda mostrar el profundo proceso de atomización que han sufrido producto de muchos factores, pero entre los más importantes, la ausencia de una perspectiva de fundar un partido revolucionario, que dé cuenta de las agudas contradicciones de clase que atraviesa la sociedad venezolana, que se dote de una táctica y estrategia con verdadera vocación de poder para las clases trabajadoras y explotadas.


De todas formas este Consejo Popular Revolucionario, recién está dando sus primeros pasos, transformándose en un lugar de encuentro y discusión para nuevos y viejos luchadores sociales, que buscan expresarse en medio de la crisis por la que atraviesa Venezuela.


Este encuentro y discusión será más complejo y problemático en la medida que las organizaciones no hagan definitivamente su apuesta, y quieran mantener por un lado posturas clasistas y radicales. Por otro lado, no se planteen con claridad frente a la nueva burguesía surgida desde las filas bolivarianas, y quieren mantener en el tiempo esa especie de matrimonio entre infieles, escenario en el cual hoy se mantienen varias organizaciones.


Este Consejo Popular Revolucionario, no lo entendemos como la sumatoria de todas o de algunas de las partes del movimiento social, político revolucionario, sino como la síntesis política, social y de lucha de todo el acumulado histórico de la clase obrera, el pueblo pobre y explotado de Venezuela. Esta no es una diferencia menor. En ella se basa nuestra perspectiva de ayudar a ver nacer el futuro partido revolucionario, que debe encabezar la revolución social y política socialista, producto de la combinación del debate en medio de la lucha y la construcción de la herramienta revolucionaria


Por nuestra parte como Guevaristas, impulsores desde el minuto uno de la idea del Consejo y de la unidad, en torno a definiciones clasistas del encuentro unitario, seguiremos impulsando con fuerza la idea de la organización de este Consejo a nivel nacional, en la espera de poder influir en él desde una perspectiva revolucionaria.

El camino es la lucha teórica, la lucha de masas y la organización popular.


Ya instalado el actual escenario de confrontación entre las clases en Venezuela, creemos firmemente que la actual crisis puede ser un escenario propicio para, el surgimiento de un nuevo actor en la arena política y social como ya lo afirmamos. Este actor no puede ser otro que la clase obrera y el pueblo pobre y explotado de la ciudad y el campo.


Pero esto solo será posible en la medida que se desarrolle una fuerte lucha teórica en el seno del movimiento popular, una lucha de masas con carácter ascendente, y una fuerte organización popular en todos los terrenos y que supere la actual dispersión y atomización.


Es por eso que proponemos que al calor de la lucha contra el fascismo, se desarrollen y se sinteticen las miles de demandas del pueblo pobre y explotado de la ciudad y el campo, de nuestra clase obrera, que sean recogidas en la gran carta de lucha de todo el pueblo por la soberanía, por la revolución y el socialismo.


Estas cartas de lucha deben ser elaboradas desde abajo hacia arriba, en cada asamblea popular revolucionaria, y que allí además se formen los Consejos Populares Revolucionarios como herramienta de lucha de todo el pueblo trabajador, explotado, pobre de la ciudad y el campo, que impulse la más grande movilización posible por conseguir sus derechos postergados.


Es así, como producto del desarrollo de la lucha teórica, también crece la unidad revolucionaria y se impulsa la movilización de masas en sus variadas y múltiples formas. Solo este escenario será capaz de revertir el actual pacto político inter burgués, que se está trabajando entre los empresarios de la vieja oligarquía y los nuevos burgueses salidos de las filas bolivarianas.


Nuestra confianza infinita en la clase obrera, en el pueblo pobre y explotado de la ciudad y el campo, nos lleva a realizar esta apuesta temeraria, pero posible aun sabiendo que depende en gran medida, de la capacidad y visión política de cuadros jóvenes, que deben necesariamente abrirse paso y dar por el traste con los viejos vicios de una izquierda demasiadas veces derrotada. Este problema no es generacional, sino de práctica política, donde la ética y la política sean lo mismo, que no haya divorcio entre el pensar, el decir y el hacer. Donde se dejen de manipular las asambleas, donde las maquinas partidarias no ahoguen a la militancia, donde la tentación de figuración deje paso a la idea de la cooperación, donde el símbolo o el emblema propio solo sea una referencia menor y sin importancia, donde el nombre del dirigente ceda paso a la línea colectiva de construcción partidaria, donde la lucha por la realización de la revolución sea el primer y último aliento de todas las luchas. Nos pueden llamar locos, utópicos y soñadores, pero cien mil veces lo nieguen, cien mil veces debemos decir que si, que si se puede, que es necesario, que debemos hacerlo ¡y así lo haremos camaradas!


¡Adelante con todas las fuerzas de la historia!


Rodrigo Vélez, coordinador nacional.
Dirección Nacional,


Movimiento Guevarista Revolucionario

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