Assata Shakur
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Al Pueblo De Venezuela,

Al Gobierno Bolivariano de Venezuela,

A los Pueblos y Gobiernos del Mundo,

A los Medios de Comunicación Nacionales e Internacionales,

A la Opinión Pública Nacional e Internacional,

Al Mundo entero,

Hermanos y Hermanas:

“Me llamo Assata Shakur, nací y me crié en los Estados Unidos. Soy descendiente de africanos secuestrados y traídos a las Américas como esclavos. Pasé mi primera infancia en el sur racista y segregado. Más tarde me mudé al norte del país y me di cuenta de que allí los negros eran igualmente víctimas del racismo y la opresión. Crecí y me transformé en una activista política, participé en las luchas estudiantiles, en el movimiento contra la guerra y, sobre todo, en el movimiento de liberación de los afroamericanos en Estados Unidos. Después me afilié al Partido de las Panteras Negras, una organización que fue perseguida por el programa COINTELPRO, un programa creado por el FBI para eliminar toda oposición a las políticas del gobierno estadounidense, destrozar el Movimiento de Liberación Negra en los Estados Unidos, desacreditar a los activistas políticos y eliminar a sus potenciales líderes”
El gran cambio en la vida de JoAnne vino cuando entró a la Escuela Comunitaria de Manhattan. Abandonó el trajecito de secretaria y los zapatos de taco y dejó de atormentarse con torniquetes nocturnos para alisarse el pelo. Estaba muy cerca de descubrir el “black is beautiful”. Primero se interesó en el garveyismo, movimiento inspirado en la prédica de Marcus Garvey, periodista y sindicalista negro de Jamaica que predicó en EEUU en las dos primeras décadas del siglo pasado e inspiró la religión rastafari. Se oponía a la integración y bregó por el regreso de los negros a África.
Luego se identificó con la República de Nueva África, un movimiento que exigía al Estado indemnizar a los negros por la esclavitud y que les cedieran un territorio en el país donde fundarían un Estado afroestadounidense. La bandera roja, negra y verde ondeaba en los actos en los que todos se tenían por ciudadanos de la nueva república. Muchos se cambiaron el nombre por uno con resonancia africana. JoAnne adoptó el de Assata Shakur, por el que se la conoce. Assata significa “la que pelea” y Shakur, “el agradecido”. Poco después su pensamiento incorporó la cuestión social. La opresión no era sólo una cuestión racial sino también de clase: “Por eso no podía verme peleando dentro del sistema. Los dos partidos, el demócrata y el republicano, estaban controlados por millonarios”.
Tras dos años de matrimonio con Louis Chesimard, un joven comprometido con la causa pero incapaz de aceptar que su mujer no se dedicara a tiempo completo a las tareas domésticas, Assata se separó. Se mudó a Berkeley, la ciudad más politizada en la que había estado. Allí oyó hablar por primera vez del Che Guevara, de los tupamaros y del brasileño Carlos Marighella.
Convencida de que la lucha por la liberación trascendía la raza, empezó a trabajar con otros pueblos. Se ofreció como colaboradora de un médico que atendía en la isla de Alcatraz, ocupada en noviembre de 1969 por indígenas del norte de EEUU y Canadá para denunciar la expulsión de sus tierras y protestar por la situación en que vivían. Richard Nixon pensó que podía desalojarlos en 24 horas, pero la ocupación duró casi dos años. Bajo la conducción de Richard Oakes, dirigente indio asesinado en la calle tres años después, los ocupantes nombraron un consejo de gobierno y recibieron solidaridad para organizar la alimentación, la atención médica y la educación de los niños. La causa tuvo el apoyo de estrellas de cine como Marlon Brando y Jane Fonda. También se acercó a los chicanos en su denuncia de la explotación de los trabajadores del campo, la brutalidad policial, el hacinamiento escolar y la desintegración familiar.
Cada vez más radicalizada, se integró al Partido de los Panteras Negras: “No trataban de parecer intelectuales hablando de la burguesía nacional, del complejo industrial (…). Simplemente llamaban cerdos a los cerdos. (…) Hablaban de los cerdos policías racistas y de los perros racistas”. Por ese entonces el artista Emory Douglas, creador de la estética de los Panteras Negras y diseñador de las portadas del periódico partidario, popularizó la representación gráfica (y el término) de la policía como un cerdo en dos patas.
Su primer puesto de militancia fue en el Programa Desayuno para los Niños. A fines de 1969 los Panteras Negras servían comida a más de 10 mil niños. No era una obra de caridad sino un ensayo de organización política y de poder autónomo que les permitía, además de alimentar a niños que lo necesitaban, denunciar la pobreza, acercar gente al trabajo político y ganar popularidad. El director del Fbi John Edgar Hoover advirtió el potencial del programa y desde el principio lo catalogó de subversivo y ordenó combatirlo.

En 1973 Joanne Chesimar –como la llaman el FBI y los negreros que dieron nombre a sus antepasados– o Assata Shakur –su nombre de guerrera africana– iba en un coche por la autopista de New Jersey con otros dos activistas del Ejército de Liberación Negro (“Black Liberation Army”) cuando la policía de tráfico les dio el alto. En el encuentro se produjo un tiroteo en el que murieron Werener Foester, uno de los policías, y Zayd Malik Shakur, uno de los activistas. Shakur fue acusada del asesinato del policía a pesar de haber recibido un tiro en la clavícula que la inhabilitaba para disparar y de que no se encontró ningún rastro de pólvora o arsénico en sus ropas. El juicio contra Shakur, como ha explicado su abogado Lenox Hinds, se celebró sin respetar ninguna de las garantías procesales: todos los miembros del jurado eran blancos, los medios de comunicación ya habían hecho una campaña previa de criminalización y a pesar de que no había ninguna evidencia contra la activista afroamericana, Shakur fue condenada simplemente por ir en el coche. Por si todo esto fuera poco, Shakur fue encadenada a una cama de hospital a pesar de la gravedad de sus heridas. Cuando se recuperó, fue internada en una celda de castigo durante dos años en una prisión de alta seguridad para hombres. El día que salió la sentencia Lennox Hinds convocó una rueda de prensa y calificó el juicio de linchamiento legal. En respuesta, el Colegio de Abogados de New Jersey y el fiscal general trataron de quitarle su licencia para ejercer la abogacía. La corte suprema acabó dándole la razón a Hinds de la misma manera que distintos juicios tuvieron que absolver a Assata Shakur de múltiples cargos fabricados por el FBI de robo armado, asesinato y secuestro.

¿Qué sentido tiene entonces, cuarenta años después, colocar a Assata Shakur en la lista de terroristas más buscadas? ¿Qué tipo de amenaza representa Shakur para la seguridad de los Estados Unidos? Creo que en esta decisión hay una pedagogía doble del imperio, un mensaje hacia dentro y hacia fuera, una llamada de atención para paralizar los movimientos de resistencia y emancipación en Estados Unidos y en América Latina que pone en el punto de mira y en una situación de extrema vulnerabilidad a la activista afroamericana.

Hacia fuera, en esta decisión hay, en primer lugar, un mensaje para Cuba, pues parte de la estrategia de guerra de baja intensidad y aislamiento consiste en incluir a la isla en la lista de países terroristas: si Assata Shakur es una de las diez “terroristas” más buscadas por el FBI y Cuba se niega a extraditarla es porque Cuba es, en efecto, un Estado terrorista. Pretenden vendernos esta lógica ilógica a pesar de que desde el punto de vista legal la decisión de Cuba es impecable, porque, de volver a Estados Unidos, Shakur podría ser juzgada, como ya sucedió, por sus ideas políticas y por su etnicidad, no por sus supuestos crímenes

Rescatando la Memoria Histórica Revolucionaria.
Desde la Coordinadora Simón Bolívar manifestamos en carta abierta que
«La solidaridad es la ternura de los pueblos».
Con Bolívar y Chávez, decimos ¡a la carga!
Desde Venezuela, Tierra de Libertadores, a 527 años del inicio de la
Resistencia Antiimperialista en América, y a 208 años del inicio de
Nuestra Independencia

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