Audi: Otra Empresa Ligada Al Nazismo Y Al Trabajo De Los Esclavos En Los Campos De Concentración

Para encubrir su papel en el III Reich, la multinacional automovilística Audi encargó a dos historiadores, Martin Kukowski y Rudolf Boch, que lo investigaran. Con el material que encontraron, los autores han publicado el libro “War Economy and Auto Union-Chemnitz Manpower during the Second World War”, en el que se vuelve a comprobar lo mismo que en las demás empresas automovilísticas, como Volkswagen, Daimler y BMW: el capital monopolista alemán está indisolublemente ligado al nazismo, al III Reich y al trabajo de los esclavos en los campos de concentración.

En 1932 las empresas automovilísticas Audi, DKW, Horch y Wanderer se fusionaron para crear el monopolio Auto Union y competir con Mercedes.

Auto Union mantuvo vínculos privilegiados con los dirigentes nazis para beneficiarse de una mano de obra esclavizada que los historiadores mencionados diferencian en tres tipos diferentes.

Primero estaban los presos del campo de concentración de Flossenbürg, en Baviera. En total, 18.000 reclusos trabajaron en este campo construyendo los coches de lujo de la marca Audi.

Según los historiadores Audi es responsable de la muerte de 4.500 de esos presos a causa de su trabajo para el grupo automovilístico, lo que supone la sexta parte de los presos que murieron en Flossenbürg.

Luego estaban los 3.700 presos de los siete campos de trabajo creados y administrados por las SS a medida para el monpolio Auto Union con el fin de construir vehículos militares.

A ellos hay que añadir 16.000 trabajadores forzosos incorporados a las fábricas tradicionales del monopolio, que no formaban parte del sistema de campos de concentración, sino que se utilizaban para fabricar vehículos para Audi en las fábricas de Chemnitz y Zwickau. De esta plantilla semiesclava, sólo una cuarta parte eran judíos.

Las condiciones de trabajo en las fábricas de Chemnitz y Zwickau eran aterradoras. Cuando consideraban que los obreros de la prisión no eran aptos para el trabajo ni lo suficientemente productivos, eran trasladados al campo de Flossenbürg para su eliminación.

La dirección de Audi ha fingido indignación e incredulidad ante el negro pasado de su empresa: “Estoy muy sorprendido por el alcance de la implicación de la antigua dirección de Auto Union en el sistema de trabajo forzado y esclavo”, ha dicho el ejecutivo del monopolio Peter Mosch.

Sin embargo, el fundador y dirigente de Audi durante la Segunda Guerra Mundial, Richard Bruhn, no fue ningún desconocido. Como tantos otros monopolistas alemanes, era un nazi que recibió el título de “Wehrwirtschaführer”, lo que se puede traducir como “jefe de la industria de defensa” y revela el papel de Audi en el esfuerzo de guerra nazi.

“Auto Unión estuvo plenamente integrado en el régimen nacionalsocialista”, concluyen los historiadores.

Tras la guerra, Bruhn fue de los que huyó de la parte de Alemania que liberó el Ejército Rojo, temiendo ser condenado por sus crímenes de guerra. Como dicen los mentecatos, “optó por la libertad” del otro lado, es decir, por la impunidad.

No obstante, durante un breve espacio de tiempo fue detenido por los británicos y en su declaración admitió haber utilizado masivamente a los prisioneros de los campos de concentración, a pesar de lo cual fue liberado.

Pero eso no fue todo; quedaba el premio. Con el dinero del Plan Marshall, Bruhn consiguió en 1949 reconstruir el monopolio Auto Union para convertir a la República Federal de Alemania en un baluarte del capitalismo en Europa central.

El nazi Bruhn fue uno de sus héroes del “milagro económico” alemán de la posguerra. En 1953 le concedieron la Gran Cruz del Mérito por su papel en la reconstrucción del poder económico del monopolio tras la guerra.

Casi como en España, los criminales nazis en Alemania también tienen calles con su nombre, por ejemplo en Ingolstadt, en Baviera, donde Audi tiene su sede. Los planes de pensiones privados de Audi también llevan su nombre.

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