Sobre El Feminismo De Clase Y El Movimiento Comunista

El feminismo de clase defiende la lucha por la emancipación de la mujer obrera entendiendo que el machismo es el resultado de todo un sistema de opresión que es el patriarcado

En demasiadas ocasiones encontramos que el machismo es analizado desde una perspectiva idealista, quedando relegado a una suerte de criterios individuales y “moralistas”. Este error, fortuito o no, se produce por la falta de un análisis basado en el materialismo histórico y el materialismo dialéctico, cuestiones que para el feminismo de clase han de ser fundamentales, pues la lucha contra el “feminismo burgués” es tarea de nuestra clase, como lo es la lucha contra el idealismo en todas sus manifestaciones.

El feminismo de clase defiende la lucha por la emancipación de la mujer obrera entendiendo que el machismo es el resultado de todo un sistema de opresión que es el patriarcado. Esto supone que, más allá de la concienciación que pueda tener un hombre acerca del feminismo, este sigue teniendo en todo el entramado social una gran cantidad de privilegios que le son concedidos por el hecho en sí de ser hombre, así como la mujer tiene acarreadas a su condición una infinita cantidad de trabas. Sólo desde este punto de vista podemos ser conscientes de que es imposible eliminar el machismo sin eliminar el sistema patriarcal, sistema que se sustenta en la propiedad privada y que, en la actualidad, se da bajo las relaciones de producción capitalistas.

Dado que el sistema patriarcal tiene sus raíces en la propiedad privada es primordial que el feminismo de clase entienda y defienda que sólo con la absoluta destrucción del sistema capitalista y la toma del poder de los medios de producción por parte de la clase trabajadora, bajo el sistema socialista, es posible conseguir realmente, y no como concesiones parciales, las bases materiales sobre las que trabajar para conseguir la igualdad entre el hombre y la mujer, esto es: la destrucción del patriarcado.

Esa es la esencia del movimiento de emancipación de la mujer en contraposición al feminismo burgués. A la burguesía, sea cual fuere su sexo, no le interesa lo más mínimo la destrucción del sistema capitalista, sino todo lo contrario. Y dado que es el capitalismo el que, a día de hoy, sustenta el sistema patriarcal y el que nos oprime como mujeres y como proletarias, ningún fin en común podemos tener las mujeres de clase obrera con las mujeres de la burguesía. Si bien es cierto que en el capitalismo arrancamos concesiones de derechos de la mujer a la burguesía, muchos nos han sido dados por las propias necesidades del sistema, como la incorporación de la mujer al ámbito laboral. A lo cual hay que sumar otra cuestión que suele olvidar el feminismo burgués que, enfrascado en su “primermundismo”, habla de los “logros” de las mujeres centrándose en los países imperialistas, olvidando que la mayoría de las mujeres de nuestra clase siguen viviendo en las mismas penosas condiciones que hace un siglo, enfrentando la más absoluta de las miserias y la más feroz de las represiones.

Por ello, plantear las reformas como un fin supone considerar el capitalismo como algo estático donde los derechos conquistados son inamovibles y se dan en todos los lugares a la vez independientemente de los contextos históricos y económicos de cada lugar. Sin embargo, las y los marxistas somos muy conscientes de que, incluso en los países imperialistas, estos derechos no son más que migajas que nos son arrebatadas en cuanto a la burguesía le conviene, como vemos en la actual crisis estructural en la que muchos de los derechos conquistados por el proletariado en determinados lugares nos están siendo arrebatados, con el consiguiente mayor atropello de la mujer obrera.

Asimismo el feminismo de clase debe tener presente que, de la misma forma que el pensamiento burgués y la burguesía como clase no se eliminan automáticamente con la toma del poder político por parte del proletariado, es decir, la toma de los medios de producción, tampoco se elimina el patriarcado, instaurado como pensamiento dominante tanto en el sexo opresor como en el sexo oprimido. Sin embargo, sí es en el socialismo donde se crean las condiciones materiales que propician su desaparición.

Es por ello que una de las tareas principales del feminismo de clase es pelear por la concienciación de esta lucha en el propio seno del movimiento comunista, llamado a encabezar la revolución, exactamente igual que luchamos por librarnos en lo posible de las influencias burguesas dentro de las organizaciones y los movimientos. Esta tarea esencial debe desarrollarse a través de la praxis, el debate y la constante utilización de las herramientas de crítica y autocrítica.

Si dentro del propio movimiento comunista las mujeres nos sentimos oprimidas no siendo tratadas como iguales, principio indispensable de la camaradería, como sostenía Kollontai, esto puede suponer un enorme impedimento para unir a las mujeres trabajadoras conscientes a la lucha por nuestra liberación, a dificultar su formación y, por tanto, a perder y menospreciar a una masa inmensa de la clase trabajadora válida y necesaria para lograr la revolución socialista.

Estas tareas indispensables de concienciar sobre la emancipación de la mujer obrera dentro del movimiento comunista y luchar contra el patriarcado, deben ser dirigidas por las propias mujeres, pues somos nosotras quienes sufrimos la contradicción principal de este sistema de opresión. Esto no significa que los hombres no puedan formar parte de esta lucha del lado de la mujer, pues afirmar esto sería tan absurdo como renegar de Marx o Engles en la lucha proletaria por su condición burguesa. Los obreros no sólo pueden, sino que deben estar del lado de sus camaradas, tarea para la que han de adquirir conciencia respondiendo a los intereses de la mujer trabajadora aún sabiendo que esto supone una lucha contra sus propios privilegios. Por ello, debemos conceder al movimiento de emancipación de la mujer la importancia que se merece e intentar que todo marxista-leninista se forme en lo posible para ser consciente de esta lucha y colocarse del lado de sus camaradas proletarias por la liberación de nuestra clase en general y de las mujeres de nuestra clase en particular.

POR Yelena Nájera, militante de Iniciativa Comunista

Tomado de la Haine

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