Luchas Proletarias E Irrupción Del Movimiento Obrero En Centroamérica (1870-1914)

Los Estados nacionales configurados después de la Federación

Centroamericana, compartieron una matriz histórica común de la que emergió el capitalismo agroexportador a mediados del siglo XIX. Cualesquiera hayan sido las diferencias y similitudes regionales, el período colonial legó las estructuras económicas y sociales que fueron subordinadas a un nuevo “pacto” internacional de producción y comercio exterior sustentado en la acumulación y reparto de la plusvalía para la reproducción privada y pública del capital.

En consecuencia, estas sociedades evolucionaron hacia el predominio de relaciones de producción capitalistas y el antagonismo histórico entre el proletariado y fracciones de la burguesía. Pero, además, sus sistemas productivos progresaron, arrastrando las contradicciones de origen colonial entre las clases dominantes locales y los intereses transnacionales de las monarquías colonialistas que se transformaron en el siglo XIX, en regímenes de dominación burguesa con economías de mercado.

Las decisiones de los gobiernos para impulsar la agricultura de exportación y explorar o habilitar sus territorios, el desarrollo de las inversiones de capital extranjero y los cambios demográficos, trastrocaron los modos de tenencia de la tierra en perjuicio de la propiedad de indígenas, campesinos y agricultores. El intercambio internacional de productos agrícolas por manufacturas y bienes de capital supeditó los cultivos tradicionales de consumo familiar y comercio interno a la agricultura para exportación. Después de 1860 ya era perceptible el empobrecimiento de diversos sectores de la población y el abandono de los campos por numerosas familias de labradores.

En las villas y ciudades decayó la elaboración y comercio de textiles, medio de trabajo de miles de indígenas y mestizos. Los gremios por oficios se desintegraron porque se anularon las ordenanzas que protegían a las corporaciones y debido a la importación de mercancías. En las ciudades más pobladas, buen número de oficiales y aprendices de oficios se convirtió en obreros asalariados de talleres. Estos obrajes pasaron a ser propiedad de maestros de oficios o de inmigrantes europeos que traían experiencia comercial y dinero para comprar fuerza de trabajo, maquinaria liviana y herramientas.

Hubo, pues, alguna similitud con el “esquema clásico” de transición de la economía del “antiguo régimen” al modo de producción capitalista. Aunque en Centroamérica estos cambios no condujeron a la fase industrial, sí fueron imprescindibles para la acumulación interna de capital y la formación de los primeros empresarios que, solos o asociados con comerciantes y prestamistas, organizaron la producción y exportación de los cultivos agrícolas que articularon estos países al capitalismo occidental.

Entre 1880 y 1914 surgieron otros procesos. El auge de las agriculturas de exportación quedó condicionado por la expansión de Estados Unidos en el Istmo y el Caribe, una vez resuelta “la regionalización del mercado internacional y la competencia con las potencias comerciales. El paso de las economías de subsistencia a “economías tropicales de exportación” reforzó el comercio exterior y creó un grupo empresarial con alianzas políticas locales y nexos con comerciantes extranjeros que abrieron camino a una nueva participación en el mercado mundial”. Tal fue la importancia estratégica del capital norteamericano, pues condujo al sometimiento de la región al imperialismo “geopolítico” que se configuró dos décadas antes de que estallara la Primera Guerra Mundial. (Quesada, M. 2002: 64-66).

En ese contexto, este artículo propone los siguientes objetivos:

1. Conocer los procesos de constitución del proletariado centroamericano en el marco del legado colonial, la formación de economías de exportación y el surgimiento del imperialismo.
2. Ubicar algunas manifestaciones de conflicto y protesta laboral del proletariado centroamericano como experiencias de lucha de clase frente a la explotación salarial y la pobreza.
3. Relacionar las luchas proletarias y las primeras uniones de trabajadores como procesos que incidieron en la irrupción del movimiento obrero centroamericano.
II. Formación histórica del proletariado

Existe bastante consenso entre historiadores, en que el desarrollo del proletariado en Centroamérica devino de causas como la expulsión de los indígenas y campesinos de sus tierras, la concentración de población en las ciudades, la ruina de los artesanos debido al libre comercio de manufacturas con Europa, la expansión de la agricultura comercial y el auge de las inversiones extranjeras en la época del imperialismo.

Para Costa Rica, en 1940 Rodrigo Facio estimó que la proletarización comenzó con la introducción del sistema de beneficio húmedo del café, a finales de 1830. En 1966, Moretzohn de Andrade consideró que el fenómeno tomó perfiles claros, entre 1820 y 1830 con el inicio de la conversión de la tierra en mercancía. Carlos Meléndez sugirió que el trabajo por jornal comenzó en el siglo XVIII con la formación forzada de las villas del Valle Central. (Churnside, R. 1985: 233 y 275). Los tres autores consideran que la proletarización de los trabajadores y el despegue de economías de exportación formaron parte de un mismo proceso histórico y estructural.

La apropiación privada de la tierra afectó a los indígenas y en menor grado a la Iglesia. En Costa Rica se desencadenó entre 1833 y 1849. En el Salvador, en el lapso 1878-1882 se lanzó al mercado el 25% de la superficie. En 1881 se abolieron las comunas indígenas y hubo revueltas en Izalco y Atiquizaya en 1884; y en Santa Ana en 1885, 1889 y 1898. En Guatemala, en 1887 Justo R. Barrios abolió el censo enfitéutico y remató las tierras arrendadas a los indígenas y forasteros. En Nicaragua, el gobierno de Pedro Joaquín Chamorro legisló en perjuicio de ejidatarios, comuneros e inquilinos de tierras públicas. En 1881 hubo insurrecciones indígenas en Matagalpa. En 1906, otra ley similar generó nuevas rebeliones en las cuales hubo destrucción de casas, quema de cosechas y plantaciones.

Las relaciones sociales heredadas de la colonia se transformaron con la introducción de nuevos reclutamientos de fuerza de trabajo. En todos los países, excepto honduras, las haciendas de café generalizaron el trabajo asalariado. Peones, jornaleros y cosecheros provenían de minifundios familiares, de la población desprovista de tierra en las villas y de pueblos de indios. El trabajo asalariado se impuso con celeridad en El Salvador y Costa Rica. Los pobladores salvadoreños sin tierras se empleaban como obreros estacionales. En Nicaragua y Guatemala funcionó, además, el colonato o el usufructo de un pedazo de tierra por salario.

Para los sectores proletarizados, no siempre hubo libertad de contratación pues se utilizó el reparto de brazos entre hacendados, conocido como “los mandamientos” y ejecutados por la policía del Estado; las “habilitaciones” o adelantos de salario; el pago de deudas con trabajo; el trabajo como castigo para indígenas rebeldes, prisioneros, huérfanos, prostitutas y “vagos”. Estos métodos estuvieron activos en Guatemala y Nicaragua, hasta la primera década del siglo XX. (Samper, M. 1993: 54-92).

La proletarización de la mano de obra se desarrolló en otros ámbitos productivos y comerciales. Desde la colonia, las gentes que no tenían tierra, ni medios económicos y gozaban de libertad individual eran empleadas por patronos, cofradías o instituciones y recibían algún dinero como salario. Pero la inversión en salarios en la producción, comercio y prestación de servicios fue más excepción que la costumbre. Los maestros dueños de talleres y tiendas de artesanías sí tenían que pagar a los oficiales y reconocían salarios menores a los aprendices después de cierto tiempo de enseñanza y experiencia.

En ese estrato de población se gestó también la proletarización o la dependencia de un salario como único medio de subsistencia en una economía mercantil. Sobre todo, en tiempos de escasez o por la falta de materias primas, despidos, desocupación a causa de reducción de la demanda o por el cierre de los talleres ante la importación de manufacturas. Desde 1775 el libre comercio arruinaba a muchos tejedores.

“En el seno de esa capa social (de artesanos) se formaron los primeros obreros guatemaltecos. Ciertos talleres o pequeñas fábricas no artesanales que empleaban mano de obra asalariada para producir mercancías como lo fueron los molinos, las panaderías y los telares grandes, explotaron a los primeros obreros en unas relaciones de producción semejantes a las de los talleres manufactureros de las ciudades europeas de la baja Edad Media, salvadas las diferencias (…) Pero no configuraron todavía un embrión de proletariado” (Martínez P. 1983: 299).

La estructuración del proletariado latinoamericano como clase social, comenzó a perfilarse claramente a fines del siglo XIX. “La formación de los primeros y grandes conglomerados de obreros solamente fue posible gracias a las necesidades de fuerza de trabajo que produjeron las construcciones de líneas ferroviarias, apertura de las comunicaciones, transporte mecánico, las explotaciones mineras, frigoríficos, puertos y el avance de industrias como la textil”. (Guerra y Prieto.1979:3-4).

De ahí la importancia de otro cambio estructural. “El período de la inserción real al mercado mundial, en términos de economía-mundo, para el caso centroamericano presenta tres aspectos esenciales. Entre ellos: La inversión privada indirecta cede ante la inversión privada directa; lo que significa que los empresarios extranjeros deciden contratar la fuerza de trabajo local para expandir sus inversiones. La fuerza de trabajo centroamericana pasa así a formar parte del proceso de internacionalización de la ley del valor-trabajo, y por supuesto de la extracción de plusvalía a escala mundial (…) Esta es la época también del despegue del movimiento obrero en nuestros países (…) y de su preparación para las luchas antiimperialistas. (Quesada M. 2002: 129-130).

III. Ejes de explotación masiva del proletariado

A. Minería y ferrocarriles
Las concentraciones masivas de trabajadores asalariados surgieron con la minería y los tendidos ferroviarios al Atlántico y el Pacífico. Hacia este litoral, porque el cambio de las actividades comerciales centroamericanas se debió, en parte, a la construcción del Ferrocarril de Panamá entre 1850 y 1855. (Quesada M. 2002:100). La “fiebre del oro” impulsó la construcción del ferrocarril para abaratar el transporte de maquinaria, hombres y mineral entre California y el este de Estados Unidos. Para ello contrataron 7.000 inmigrantes provenientes de Europa, el Caribe y Asia; entre estos, más de 1.000 obreros chinos de los cuales muchos se suicidaron. (Navas L. 1979:60).

En Honduras, el mismo año 1850 se trazó otro ferrocarril de Puerto Cortés al Golfo de Fonseca para activar la extracción de oro y plata. El gobierno firmó el contrato en 1853 con el representante de USA para Centroamérica, Ephrain Squiere y los trabajos se iniciaron en 1866. Entre 1867 y 1870 se negociaron cuatro empréstitos británicos por 6 millones de libras. En 1869 operaban 91 km. de vía entre Puerto Cortés y San Pedro Sula. Ese año se inauguró el ferrocarril transcontinental en Estados Unidos y en 1873 se suspendió la obra en Honduras. Entre 1870 y 1892 el gobierno extendió las líneas, hasta Pimienta.

El 2 de diciembre de 1879 se fundó la New York and Honduras Rosario Mining Co. para explotar las minas de San Juancito y Valle de los Ángeles. Entre los accionistas figuran el Presidente hondureño Marco A. Soto, y W. Valentine. En 1880 se aprobó el Código de Minería, se designó a Tegucigalpa como capital y la carretera al Puerto de Amapala se convirtió en gran arteria vial. A fines de ese año la plata representaba el el 50% de las exportaciones. (Taracena A. 1993:192). Pero el transporte entre la capital y las minas se hacía a lomo de mulas hasta Tegucigalpa y ahí se cargaba el mineral en carretas para llevarlo al Golfo de Fonseca. En 1903 y entre 1912 y 1920, el gobierno asumió el control de 96 Km. del Ferrocarril Nacional de Honduras, ante el fracaso de negociaciones con financistas norteamericanos.

Las economías de Centroamérica disfrutaron bonanza comercial y financiera en los años 1857, 66, 73, 82, 90 y 93. En Nicaragua, la crisis de 1866 favoreció el cultivo de algodón, por el repliegue de los Estados Unidos. Con la revolución industrial, los tintes naturales se sustituyeron en el comercio exterior por productos agrícolas. El cambio originó un sector empresarial aliado a la expansión de capitales británicos en finanzas, seguros, ferrocarriles, transporte marítimo, minería, agricultura y urbanismo. Estados Unidos se expandió en la región, después de 1870. (Quesada M. 2002:131-133). Las potencias europeas quedaron fuera del mapa caribeño y centroamericano después del Tratado Hay-Pauncefote, firmado en 1871.

El siguiente ciclo minero aparece con el ingreso de compañías extranjeras, extractivas y especulativas. En Costa Rica se ubicaron tres, entre 1872 y 1889, en los Montes del Aguacate y la Cordillera Tilarán-Abangares. En Honduras cinco empresas, entre 1883-1912. En Nicaragua nueve, entre 1875 y 1911, y otra en 1921. En el Salvador una, en 1899. Entre 1872 y 1912 operaban en la región 17 empresas mineras. En la rama eléctrica se establecieron dos compañías en Costa Rica. En banca y finanzas, seis; en inversiones agrícolas seis, de origen inglés y alemán, en Guatemala. (Quesada M .2002:185). La inversión extranjera en El Salvador fue la menor, después de Nicaragua y no hubo enclaves mineros, ni bananeros. (Menjívar, R. 1982:30).

Inglaterra tuvo el control ferroviario entre 1860 y 1890. En 1857 se fundó la empresa Honduras Interoceanic Railway Co. Ltd. “Entre 1867 y 1870 el gobierno contrató cuatro empréstitos por 6 millones de libras. Se levantaron 50 millas y hubo que renegociar la deuda. En Costa Rica, el gobierno firmó cuatro contratos ferroviarios entre 1884 y 1900; en Honduras seis, entre 1902 y 1920. (García B. 1997:44-50). En esos años se formaron la Costa Rica Railway Co., en 1886, la northern Railway Co., la Interoceanic Railroad of Guatemala en 1878, La Pacific Railway of Nicaragua en 1882 y la Salvador Railway Co., en 1886. (Quesada M. 2002:141)

Costa Rica inició en 1871 la construcción del ferrocarril a Limón, en el Atlántico. En 1876 se levantó un tramo entre San Salvador y Santa Tecla, y en 1882 se inauguró el Ferrocarril Nacional. En Nicaragua, en 1878 se construyeron las líneas al Pacífico. Las obras ferroviarias iniciaron en Guatemala en 1880 y al cabo de ocho años concluyó el trazado de 219 Km. que unía los litorales, hasta unos 89 km. de la capital. Otra línea comunicó la capital con el puerto de San José, en el Pacífico. (Ellis F. 1983-37).

En Nicaragua y El Salvador los ferrocarriles unían zonas cafetaleras del Pacífico con los puertos occidentales. En Honduras, Costa Rica y Guatemala se trazaron muchos ramales clandestinos entre distritos o divisiones bananeras y las líneas centrales a los muelles y puertos. Se levantaron ferrocarriles a través del Istmo por la necesidad de unir regiones agroexportadoras con puertos y ramales. Y líneas internacionales entre El Salvador y Guatemala, y, entre este país y México. (Samper M., 1993: 45-47).

Los gobiernos centroamericanos entregaron a capitalistas ingleses, norteamericanos y alemanes el manejo casi total de los fondos de inversión. Cedieron la administración y fiscalía de servicios públicos; renunciaron a sus derechos al exonerar a las bananeras, incluso de los impuestos por establecer; los intereses económicos se ventilaban en el mercado con intervención del Estado; las finanzas gubernamentales dependieron de empréstitos con las empresas y las injerencias de gobiernos norteamericanos. Las presiones de las corporaciones adquirieron autonomía, facilitada por las alianzas con grupos económicos y políticos de cada uno de los países. (García B. 1997: 19-27).

B. Los enclaves bananeros
El siguiente eje de explotación del proletariado surgió con los enclaves bananeros. “El comercio mundial de la fruta se inició en Jamaica, en junio de 1870 cuando algunos productores vendieron al Capitán Barker los primeros racimos cuya colocación en New Jersey produjo una utilidad del 100% por racimo y el negocio atrajo inversionistas”. Pero en Centroamérica, los cultivos y exportaciones originales fueron emprendidos por inmigrantes del Caribe y unos pocos productores locales.

En Honduras, desde 1860 las cosechas y el embarque se ubicaban en Roatán y la fruta era vendida en Nueva Orleans. En Costa Rica, el cultivo comercial surgió en la década 1880-1890. Ese año había 780 plantaciones de productores. En Guatemala, el cultivo tuvo un comienzo similar, a partir de 1893.En Nicaragua, se iniciaron en Bluefields, en 1885. En Panamá había doce productores en 1896, dueños de fincas en Bocas del Toro. (Torres R. 1973:99-105; Posas M. 1993:111-117; Ellis F., 1983:35-39).

Veinte años atrás, Minor Cooper Keith probaba con ojo mercantil el cultivo de cepas de bananos en fincas ubicadas en Colombia y Panamá. En Costa Rica sembró semilla a ambos lados del ferrocarril y en 1873 invirtió en plantaciones en Zent y Matina. Casado con la hija del Expresidente Castro Madriz, en 1882 arrendó la Costa Rica Railway Co. y dos años después firmó el Contrato Soto-Keith.

Con dominio del ferrocarril, procedió a asociarse con tres empresas norteamericanas productoras y comercializadoras de banano y en marzo de 1899 fundaron en Boston la United Fruit Co. (UFCo.) El comercio no era entonces un monopolio, pues en Estados Unidos había entre 1870 y 1899 unas 114 compañías distribuidoras de fruta. En 1890 se desató la concentración y centralización de capital. En 1900 solo quedaban 22 comercializadoras y las dos mayores se fusionaron con la UFCo. (Ellis F. 1983:40)

La constitución de la UFCo., delimita la fase 1900-1930 de la historia de la económica del banano en Centroamérica. La propiedad de tierra en poder de la compañía en los cinco países, alcanzó la cifra cercana a un millón y medio de hectáreas, en 1930. El dominio equivale al 28% del área de Costa Rica y el 19% de Panamá. Ese año era dueña o arrendaba 2.500 km. de líneas ferroviarias y poseía 90 barcos para un control casi exclusivo del transporte marítimo de fruta. (Ellis F. 1983:46-48).

En 1900 la UFCo vendió el 75% del volumen total de racimos importados por Europa y Estados Unidos. En abril 1899 había comprado siete compañías comerciales de fruta en Honduras y Panamá. En este país se había instalado en Bocas del Toro y desde 1910 contrató en la zona a gran número de obreros nicaragüenses, hondureños y costarricenses. Clausuró operaciones en 1926.

En enero de 1901 se instaló en el atlántico de Guatemala. En 1902 obtuvo el 60% de las acciones de la Hubbard-Zemurray y arrendó varios miles de hectáreas en la frontera entre Honduras y Guatemala. Entre 1903 y 1912, mediante compra de acciones y competencias aviesas, sacó del mercado costarricense a la Cìa. Atlantic Fruit. En 1906 compró el 50% de las acciones de la Vaccaro Brothers, en Honduras, firma que se reorganizó en 1924 con el nombre Standard Fruit Co.

En 1913 dos subsidiarias de la UFCo abrieron otras plantaciones en los márgenes del río Ulúa y en Puerto Castilla, al norte. En 1924 compró la California-Guatemala Fruit Corporation para cultivar banano en Tiquisate y exportarla al oeste de Estados Unidos. En 1927 inició plantaciones en Chiriquí, costa pacífica panameña, y al año siguiente se desplazó al Valle de Coto, en Costa Rica. En 1929 compró acciones a Cuyamel Fruit Co. y a partir de 1930 solo quedaba la Standard Fruit and Steamship Corporation como su única competidora. (Ellis F. 1983:42-45).

Panamá, tierra codiciada desde el siglo XVI por su cintura afeminada, al comenzar el siglo XX vivió el acoso feroz del gobierno de Teodoro Roosevelt y una camarilla de corredores de bolsa gringos e inversionistas franceses en bancarrota que la raptaron a la República de Colombia.

El sueño norteamericano del canal interoceánico pasó de la fantasía a la viabilidad luego de la Guerra contra España de 1898. Entre 1880 y 1914 los inversionistas franceses contrataron cerca de 23.000 obreros para la apertura del Canal. Después de la segregación de Panamá, entre 1903 y 1913 llegaron 31.000 obreros de 12 de las Antillas; 12.000 de Europa, entre 1906 y 1908; 6.175 de Estados Unidos y 2.113 de Centroamérica. En 1913, unos 10.000 antillanos quedaron cesantes y se engancharon con la UFCo. en Bocas del Toro, Panamá. (Navas L. 61 y 117-126).

Otros cambios de mediano plazo fueron provocados por la estrechez del mercado interno desfavorable a la diversificación económica. El libre comercio, las migraciones internacionales y el crecimiento institucional transformaron a pocos artesanos en fabricantes y a bastantes de ellos, en obreros. Desde 1880 se delinearon los rasgos de los sectores producción de manufacturas y prestación de servicios públicos con base en el empleo asalariado.

C. Artesanos y obreros fabriles
Los historiadores coinciden en que la producción artesanal en Centroamérica decayó desde 1850. El cura Bernardo Dávila observó en Guatemala que el número de telares bajó de 278 en 1833, a 33 en 1846. (Gudmundson L.1993:241). En 1870 la importación de textiles en la región sumaba casi el 60% y los bienes de capital, entre el 10% y 20% (Samper M. 1993: 33). En Costa Rica, el sector secundario se redujo del 27.5% en 1883 al 14.6% en 1892. (Abarca et. al. 2011:108). En 1883 se censaron 704 talleres artesanales y en 1892, 694. El 51.2% se situaban en San José y Alajuela. (Oliva M. 1985:41, 45 y 49). Creció la cifra de artesanos ocupados en servicios; pero, entre 1890 y 1905 decayó la artesanía de carretas cuando se abrió el ferrocarril al Pacífico. (Chrunside R. 1985: 238 y 244).

En Honduras, el censo de población de 1887 incluyó más de 500 ocupados en oficios como albañiles, sastres, talabarteros, zapateros, carpinteros, curtidores, sombrereros, fabricantes de jarcias, petates y tejas. Muchas mujeres se dedicaban a la alfarería, costura, hilandería y bordado, elaboración de sombreros, cigarros, puros y dulces.

En Nicaragua había en 1883 había varias fábricas de cigarros, hielo, aceite, jabón, fósforos, muebles, textiles, destilerías y chocolates. “Una fábrica de velas establecida en 1908 en Managua, movida por seis máquinas eléctricas, reducía 6 mil velas por día de diferentes tamaños. Cada hora y media producían 780 velas, 1.200 cajas al mes y emplean 26 obreros. Había ladrilleras y minas de cal y cemento.

Se modificó también las categorías de empleo, la artesanía doméstica y el obraje fabril. En el censo de 1908 en San José había más de 50 ocupaciones. A principios del siglo XX aparecen manufacturas, como dos fábricas de calzado que empleaban un promedio de 107 obreros. Una cervecería ocupaba 60. Dos fábricas de gaseosas con 27 obreros cada una Diez imprentas empleaban en promedio 15 asalariados. Seis panaderías y ocho talleres mecánicos ocupaban 9 obreros en ambas ramas.

En Guatemala, a inicios del siglo XX había fábricas donde las relaciones de trabajo eran claramente capitalistas, como la Cervecería Centroamericana y la fábrica de tejidos de manta, Cantel. En 1918 un vecino de la capital tenía casi terminada una fábrica de telas impermeables y artículos finos de caucho, terminados con maquinaria moderna. Durante la lucha contra la dictadura de Estrada Cabrera, los dueños de talleres fueron eslabón y vínculo entre los artesanos de las ciudades y las fracciones oligárquicas excluidas del poder. Al final, se formó una fuerza heterogénea de clase media, artesanos y obreros, y la oligarquía opositora. (Balcárcel, José Luis. 1985:16)

En El Salvador “una investigación de 1858 sobre “el estado de sus habitantes y las profesiones en que se ocupan”, la cual cubrió 5 de los 15 departamentos, demostró la concentración en las villas y pueblos de artesanos pintores, carpinteros, zapateros, sastres, plateros, albañiles y otros… Ya en 1860 estos trabajadores apoyaban las promesas de controlar el mercado, del candidato Gerardo Barrios. Entre 1860-1870 proliferaron y se expandieron organizaciones del artesanado libre”. (Menjívar R. 1982: 34-35).

En suma, la producción fabril tuvo escaso desarrolló en Centroamérica, hasta 1890. “Eran fábricas pequeñas de bienes de consumo como textiles, ropa, calzado, fósforos, candelas, cigarros y puros, licores. En el Salvador y Costa Rica era alta la demanda de sacos de yute para el mercado cafetalero. El sistema productivo apenas comenzaba a mecanizarse, empleaba poco número de obreros y el capital era familiar, local o de pocos inmigrantes. En Honduras hubo fabricantes árabes. (Samper, M. 1993: 38).

Asimismo, el productor artesano era más numeroso que el obrero de manufacturas. En costa Rica, todavía en 1879 el decreto No. 35 del 15 de mayo reguló los requisitos para maestro artesano en mecánica, fundición, herrería, carrocería y ebanistería. En 1906 se abrió la Escuela Tipográfica para mujeres y en 1912 más de 500 damas trabajaban en zapaterías. Pero todavía en 1907 artesanos y obreros eran arrestados por vagancia. Hacia 1905 tomaron forma los barrios obreros en la capital y cabeceras de provincia, y la oferta de vivienda para esas familias apareció en la agenda electoral desde 1913. (Oliva M. 1985: 51-67).

IV. Rebeldías obreras y concertaciones artesanas

El conflicto social y el antagonismo de clases, tomaron otras dimensiones a partir de 1880. “Las reformas liberales significaron violencia, despojo y proletarización para indígenas y campesinos”. En Guatemala las sublevaciones más álgidas fueron: la guerra de los indígenas de Momostenango, la rebelión de los quichés en 1877 y la de San Juan Ixcoy de Chuchumatanes, en 1898. En El Salvador, el levantamiento de Anastasio Aquino y los caciques nonualcas en 1832-1833. Otras siete revueltas ocurrieron entre 1872 y 1889, y una en 1885, de los vendedores ambulantes de San Migue. En Matagalpa, en 1881 estalló la Guerra de las Comunidades como resistencia al trabajo forzado en obras públicas. (Acuña, V. 1993:309- 310).

La huelga y la suspensión de los trabajos irrumpen en la construcción de ferrocarriles, puertos y muelles, fincas bananeras, zonas mineras, comercios, servicios estatales, talleres y en las primeras fábricas. Las más tempranas, en Costa Rica y Panamá. El historiador Mario Oliva afirma que entre 1874 y 1914, en Costa Rica hubo 23 huelgas: 2 mineras en 1906 y 1907, 9 ferroviarias, 2 en muelles, 4 en plantaciones agrícolas; 4 de obreros manufactureros, panaderías e imprenta; 1 de trabajadores de telégrafos y 1 de obreros municipales, en Puntarenas. (Oliva, M. 1985:109)

En 1907 paralizaron 200 obreros de la mina Tres Amigos y enviaron a 50 delegados a la gobernación de Liberia. Lograron un alza de salarios. En 1909 un grupo de mineros liberó a tres obreros que eran conducidos a la prisión de las Juntas de Abangares. En 1910 destruyeron el telégrafo que uniría la Sierra Minera y Las Juntas. El mismo año, obreros y vecinos desviaron el cauce de agua que abastecía la mina en Quebrada Honda, Sierra del Machuca. A raíz de la represión y prisión destruyeron cercas y quemaron cultivos de la empresa.

Los mineros de la Unión, en Miramar, se rebelaron el 12 de abril de 1911 contra los polizontes de la mina, casi todos hondureños. El 20 de diciembre de ese año, en la mina Tres Hermanos de la Abangares Gold Field estalló la huelga y se sublevaron 400 mineros al mando de la fondera Mercedes Panza y de los obreros Carmen Serrano y Rafael Arguello. Mataron al policía hondureño Pedro Rubio y a otros negros, vigilantes traídos de la Zona del Canal; dinamitaron la cárcel, el telégrafo, incendiaron las casas de los jerarcas, asaltaron y saquearon el comisariato.

En 1912 hubo un paro en las Juntas, seguido de una marcha funeraria. En el sepelio de un compañero fallecido en el paro participaron más de 150 mineros vestidos de blanco. El hecho tenía un alto significado de solidaridad de clase y estaba prohibido por la empresa excavadora realizar ritos con los obreros muertos. En 1919 otra rebelión fue sofocada, apenas al comenzar. (Castillo A. 2009: 213-224).

En Panamá, el contrato Stephen Paredes de 1850 autorizó el ingreso de obreros chinos y negros para construir el ferrocarril. Llegaron 7.000 trabajadores. Entre 1881 y 1888 otra oleada de inmigrantes trabajó en el canal francés. Las huelgas fueron intermitentes entre 1880 y 1886.

La primera se produjo en el ferrocarril el 6 de febrero de 1880 y duró una semana. En julio-agosto de ese año, hubo otra protesta similar en los ferrocarriles y muelles, en los extremos de la línea Panamá-Colón. En marzo de 1881 pararon los excavadores del canal francés. En noviembre de 1883, los obreros del ferrocarril y el muelle. En julio de 1886, de nuevo suspendieron labores durante 15 días los obreros del ferrocarril. A raíz del “crack” de la empresa en 1889, hubo 14.000 desocupados. En abril de 1895 se produjo la huelga general de los obreros del Canal. El 1 de Abril de 1904, hubo otro paro de los obreros ferroviarios que duró 10 días.

En la fase norteamericana de construcción del canal la siguiente huelga por parte de obreros antillanos sucedió en abril de 1905. A comienzos de 1907 los españoles de la “Sección Corte de Culebra” fueron al paro acompañado de seis disturbios. En Mayo de 1907 los obreros norteamericanos pagados por la “planilla de oro” suspendieron por casi un mes los trabajos, liderados por los choferes de grúas a vapor y maquinistas. De estos conflictos nacieron la Colour Progressieve Association en 1907, la central Panama Canal Metal Trades Council y la West Indies Protective League, en 1910. Estaban integradas en un 75% por trabajadores antillanos e editaban el boletín The Workman (Navas L. 1979: 71-152).

En Costa Rica, además de las huelgas y disturbios de inmigrantes orientales, italianos y jamaicanos ocurridos entre 1874 y 1888, en las fincas bananeras y el ferrocarril tomó forma un ciclo de protestas desde 1904. Hasta 1914 hubo 19 huelgas en el atlántico: 5 de obreros de muelles, 4 de obreros ferroviarios y 10 paros que involucraron a obreros de fincas y muelles. Desde 1910 se configuró un patrón de concertación con criterios de dirección, unidad laboral y solidaridad de clase. (Hernández R., 1995:99)

En febrero de 1905 más de 300 obreros jamaicanos de las fincas de Zent se negaron a trabajar a causa de una reducción salarial. Ese año hubo otra huelga de obreros caribeños. La empresa los sustituyó por esquiroles traídos de Colón. Dos paros más, en 1908 y 1910 fueron promovidos por maquinistas y 22 conductores de la Norhern Raiway Co. En marzo de 1910 fueron a huelga los obreros de la Philadelphia South, dirigidos por el comité local de la Artisans and Labourers Union of Costa Rica, creada dos meses atrás.

El 3 de agosto del mismo año organizaron otra huelga en finca Banano por despido de dirigentes de la asociación. El movimiento se extendió a finca Beberly. (Hernández R. 1991: 193 y 213). La huelga más sangrienta ocurrió en marzo de 1913 en Sixaola y Talamanca, División de Bocas del Toro. La UFco. trajo como rompehuelgas a unos 200 nicaragüenses Además, desde 1910 surgió el Movimiento Asociación Universal para la Superaciòn del Negro, dirigido por Marcus Garvey (Bourgois P. 1994: 97; 150 y 244).

En el Salvador fue reducido el núcleo de obreros en los ferrocarriles y minas. (Menjívar R. 1982:33). Después de la Primera Guerra Mundial las compañías fruteras ocuparon en Honduras unos 20.000 obreros y empleados, el 3% de la PEA (Torres R.1973:106), bastante número reclutados en El Salvador. El 10 de marzo de 1909 irrumpió una protesta de mineros a causa de los bajos salarios y acordaron ir a huelga sino se aumentaban. (Meza, V. 1985:133). Un grupo de productores bananeros de Nicaragua paralizó la corta de fruta en 1909 en demanda a la naviera Blue Fields Co. para que pagara los racimos sacados por el Río Escondido a igual precio que en los muelles.

En contraste con las actitudes rebeldes y de lucha del proletariado minero, ferroviario, portuario y bananero, en general, los artesanos y obreros de manufacturas y fábricas formaron uniones y asociaciones sin un interés de clase homogéneo pues los objetivos de sus acciones colectivas eran defenderse de los perjuicios del avance capitalista y el libre cambio por medio de asociaciones de ayuda mutua (Menjívar 1982:35). De ahí sus adhesiones a los partidos oligárquicos en pugna, sostenes de la burguesía agraria; la casi ausencia de protestas colectivas y los móviles de las convocatorias a la unidad Centroamericana en 1882 y 1911.

En 1872, el gobierno salvadoreño del mariscal Santiago González fundó la Sociedad de Artesanos “La Concordia” y en 1873 se creó la Sociedad de Artesanos de El Salvador. El asociacionismo mutualista avanzaba hacia el cooperativismo para el ahorro y consumo privado. Eran muy inestables y con prácticas políticas defensivas, de integración social y disciplina laboral. Editaron boletines y periódicos, propiciaron la escolaridad y el adiestramiento en los oficios o actuaron como grupo de presión dentro de los núcleos partidistas burgueses. Las integraban obreros, artesanos y patronos; se dividían por oficios y en ellas participaban comerciantes, empleados, educadores y patronos fabricantes. La dirección recaía por lo general en intelectuales, educadores, oficiales y maestros, dueños de talleres. (Menjívar 1982:36-38).

El 1 de abril de 1902 se fundó la Sociedad de Artesanos de Santa Tecla a instancias del alcalde municipal y el gobernador del Departamento La Libertad. Se designó Sociedad de Artesanos “Gerardo Barrios” y después de junio de ese año, Sociedad de Artesanos “El Porvenir”. En 1917 en el Salvador había 45 asociaciones y uniones distribuidas así: 16 en San Salvador, 6 en Ahuachapán, 4 en Santa Ana, 3 en Santa Tecla, 3 en San Miguel, 2 en Sonsonate y 10 en aldeas varias. Ocho eran sociedades por oficios, 14 mutuales, 5 cooperativas, 3 de artesanos en general y otras con nombres que apelaban al porvenir y el progreso, en abstracto. (Menjívar 1982:37). En Honduras y Panamá también hubo varias de estas sociedades que usaban la prensa, fundaron escuelas y eran cortejadas por los partidos políticos.

El 13 de diciembre de 1881, El Mensajero, editado en Costa Rica por Mauro Jirón, cedió espacio a una Sociedad de Artesanos de Guatemala para divulgar los objetivos, estatutos e invitar a constituir organismos similares. Se había fundado en 1877 y tenía 1.000 afiliados (El Mensajero 1881). Otras mutualidades fueron la Maternidad Obrera y la Sociedad Joaquina, nombre de la madre de Estrada Cabrera. “El Señor Presidente” convirtió los clubes liberales en centros populares y de funcionarios públicos. Entre 1898 y 1902 fueron creados 168 clubes y en 1916 superó la cifra de 500. (Taracena A. 1993:213). El dictador afrontó el conflicto obrero patronal mediante la represión de la agitación laboral urbana y la legislación salarial.

Telegrafistas, carteros y correos de postas recibieron alzas de salarios y aguinaldos en 1902, 1903 y 1908. En 1906 se aprobó la Ley Protectora de Obreros que contempló indemnizaciones por accidentes; se emitió la Ley de Cooperativas y se crearon las Cajas de Socorros integradas por patronos y trabajadores. A principios de 1910 se aprobó la jornada de 8 horas para los empleados públicos. En 1912 se fundó la Federación de Sociedades Obreras con organismos que funcionaban desde 1908 como el Gremio de Albañiles, la sociedad de Tipógrafos Gutemberg, la Central de Artesanos y Albañiles, y la Fraternal de Barberos. (Balcárcel, J. 1985:12-17) En 1912 se organizaron en una Federación de Sociedades Obreras.

En Panamá, las primeras uniones también fueron de tipo mutual. Eran asociaciones de obreros y artesanos necesitados que constituían fondos comunes para enfermedad, accidentes, funerales, cesantía, etc. Las primeras asociaciones de obreros fueron las de Panaderos y Dulceros fundadas en 1906 y la Unión de Choferes, creada en 1912. (Turner J. 1985:282).

En Nicaragua, el Presidente Zelaya estimuló la formación de organizaciones como la sociedad El Recreo fundada en 1904 por artesanos, obreros, burócratas, profesionales e intelectuales. En 1906 se constituyeron otras cinco. Fueron reprimidas en noviembre de 1910 por los liberales enemigos de Zelaya. En 1912 se crean en León las primeras centrales y las ligas de trabajadores, con proyección regional. En 1912 se funda la Central de Obreros y Artesanos de Managua y la Central Obrera de León. En 1913, la Sociedad La Unión, en León y en Chinandega la Sociedad La Libertad. Sentaron las bases del sindicalismo.

En Costa Rica, entre 1874 y 1901 se formaron 22 organismos de artesanos y obreros fabriles: 7 sociedades cooperativas; 5 uniones de gremios por oficios; 1 asociación obrera; 1 liga de obreros; 4 clubes políticos de trabajadores; 2 cajas de ahorro, 1 círculo de artesanos y la Sociedad de Economías de los Maestros. En el nivel del conflicto, hubo 4 huelgas: una de telegrafistas en 1883; 2 de panaderos en 1901 y 1903 y otra de tipógrafos, en 1901. El grupo de artesanos predominó entre 1880 y 1909. Entre 1909-1914 “los proletarios imponen su propio carácter al movimiento”. (Oliva M 1985: 83 y 109). Las huelgas de principios de siglo repercutieron en el origen de la primera Federación de Trabajadores de la capital, creada en 1905.

Un Boletín Electoral del 7 de febrero de 1886 publicó que el Comité de Artesanos estaba integrado por oficiales de gremios. Más de 400 artesanos desfilaron por la capital en apoyo al candidato Bernardo Soto. Otro periódico citó 55 carpinteros, 17 sastres, 16 zapateros, 10 barberos, 9 herreros, 7 albañiles y 44 relojeros y plateros no concurrieron. El 19 de octubre de 1889 nació la Sociedad Constructora de San José y el 19 de marzo de 1890 la sociedad anónima “Gremio de Carpinteros”. Por aparte, el 24 de mayo de 1903 se fundó el Gremio de Carpinteros de Costa Rica para enfrentar a una Compañía Constructora Inglesa, contratista del gobierno. En noviembre de 1912, 180 albañiles y carpinteros formaron otra sociedad constructora.

El 10 de julio de 1903 los panaderos de San José fueron a huelga, liderados por la Sociedad El Ejemplo. Entre el 11 y el 17 de julio los dueños de empresas, el cónsul de Francia, policías y autoridades públicas se unieron para disolver la Sociedad, dispersar a los dirigentes, detener al Presidente del gremio Francisco Pérez, capturar y expatriar al anarquista español, Juan Vera Córdoba, inmigrante de Islas Canarias, en 1889. En 1901 la Sociedad El Ejemplo había protagonizado otra huelga de panaderos. “Era una organización con carácter de cooperativa y llevaba la impronta artesanal en proceso de proletarización”. Esta huelga puso de relieve la diferencia de intereses de clase entre los dueños de talleres y los asalariados. (Oliva, M. 1985:114-123).

Una iniciativa de envergadura que germinó en el seno de estas organizaciones fue la convocatoria para reunirse en un Congreso Obrero Centroamericano que se celebraría el 5 de noviembre de 1911 en El Salvador, al cual fue invitado el Presidente Araujo. En Costa Rica al menos 450 representantes de organizaciones fueron y votaron en la asamblea que designó los delegados. Hubo participación de todos los países del área, excepto Nicaragua y Panamá. Se discutieron siete propuestas enmarcadas en el carácter mixto, obrero patronal de las sociedades de artesanos y la creación de un Consejo Federal de Trabajadores Centroamericanos, el cual se constituyó en San José, en 1912.(Oliva M. 1985:160-168)

No era la primera ocasión que se aspiraba a unir los intereses de estos sectores importantes de las clases inferiores de la región. “La Sociedad de Artesanos de San José, creada el 9 de diciembre de 1888, mantuvo amplia relación con otras similares. Tenía correspondencia con la Sociedad de Artesanos de Managua, la Sociedad de Artesanos de León, San Salvador y Sonsonate; la Sociedad de Artesanos de Guatemala y la Sociedad de Artesanos de Tegucigalpa. De ese intercambio surgió la idea de realizar un Congreso Centroamericano de Obreros. Para ello, el costarricense Alejo Marín viajó a El Salvador y a Managua en enero de 1890. En el San Salvador fue recibido por el directorio de la Sociedad La Concordia”. (Fallas M. 1983:170-171).

V. Conclusiones

En la historiografía del movimiento obrero la formación del proletariado se ha relacionado en general, con el origen de la clase obrera urbana. Sin embargo, la proletarización, percibida como la dependencia de un salario en tanto único medio de subsistencia en una economía mercantil y capitalista es un fenómeno multisectorial, de carácter histórico, estructural y sistémico.

El empobrecimiento de los indígenas y los estratos sociales campesinos y artesanos configuró desde 1870 una masa de trabajadores directos que devino fuerza productiva creadora de plusvalía para la reproducción del capitalismo agroexportador y el capital imperialista de los enclaves mineros y agrícolas que operaban en Centroamérica. Por ello, al menos como enunciado teórico, el origen y desarrollo del movimiento obrero coincide sólo en parte con el “esquema clásico” de transición al capitalismo industrial, tal como se desarrolló en los países europeos.

En Centroamérica las “reformas liberales” acentuaron el proceso de proletarización y de la explotación de los trabajadores, incluso con medidas extra económicas. Y contra esas nuevas relaciones sociales, articuladas en el nivel mundial por el imperialismo del siglo XIX, surgieron diversas reacciones de los trabajadores directos como clase social potencial que fue descubriendo en la propia lucha su propia identidad en el conjunto de las sociedades.

Por lo tanto, las luchas contra la proletarización y sus adversidades fueron anteriores y con alcances derivados de una historia de colonialismo en bancarrota e intervención imperialista. Por ello, las luchas sociales del período 1870-1914 son, en sí mismas significativas, en relación con el origen del sindicalismo “clásico” y los partidos políticos inspirados en las revoluciones burguesas del siglo XIX. Fueron, en síntesis, expresión de la continuidad de las resistencias indígenas y mestizas contra la colonización, la pobreza y la expoliación; en la cual, las rebeldías y protestas obreras imprimieron sello propio a la lucha de clases en Centroamérica.

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