Giap, Wallace Y La Batalla Sin Fin Por La Libertad

El mismo día que murió Vo Nguyen Giap, lo hizo el ex Pantera Negra, Herman Wallace, que había pasado 41 años de su vida en confinamiento solitario

“Nada es más precioso que la libertad”, es una cita atribuida de Nguyen Vo Giap, el general vietnamita que dirigió a su país durante dos guerras de liberación. La primera fue contra los colonialistas franceses, la segunda contra los estadounidenses. Y a pesar de fuertes y dolorosas pérdida, Vietnam se impuso, derrotando la primera cruzada colonial en la Batalla de Dien Bien Phu (1954) y la segunda en la Campaña Ho Chí Minh (1975).

El general Giap, hijo de un erudito campesino, mantuvo la frente en alto en ambas guerras; solo se inclinó respetuosamente ante la determinación de su pueblo. “Cualesquiera fuerzas que quieran imponer su voluntad a otras naciones enfrentarán con toda seguridad la derrota”, dijo una vez. Sus palabras valdrán para siempre.

Murió el viernes 4 de octubre, a los 102 años.

El mismo día, el ex Pantera Negra, Herman Wallace, que había pasado 41 años de su vida en confinamiento solitario en la Penitenciaría Estatal de Luisiana, murió de un cáncer de hígado incurable a los 71 años. Solo unos días antes de su muerte, el juez Brian Jackson había revocado una acusación que robó gran parte de su vida a Herman. Según Jackson, la condena de Herman en 1974 por matar a un guardia de la cárcel fue “inconstitucional”.

A pesar de la falta de evidencia material, testigos “desacreditados” y un juicio ficticio, Wallace, poeta y amante de la literatura, y dos otros prisioneros conocidos como los Tres de Angola, fueron encerrados para pasar una vida de indecible penuria por un crimen que no cometieron.

Ahora que Wallace está muerto quedan dos. Uno, Robert King, de 70 años, fue liberado en 2001 y el otro, Albert Woodfox, de 66 años, sigue en confinamiento solitario y “sufre exámenes diarios de las cavidades de su cuerpo”, informó el periódico británico Independent.

“Cuando se revocó su condena la pizarra quedó limpia pudo morir como un hombre no condenado por un crimen del que era inocente”, dijo King sobre la liberación de Wallace, quien murió unos días después.

Una de las últimas fotos publicadas mientras estaba en su cama del hospital, muestra a Wallace alzando el puño derecho, perpetuando el legendario desafío de toda una generación de dirigentes de afroestadounidenses y de los derechos humanos. Mientras algunos lucharon por los derechos civiles en las calles de las ciudades de EE.UU., Wallace luchó por los derechos de los prisioneros. Las cuatro décadas de confinamiento solitario pretendían quebrantarlo. Pero en realidad, lo fortalecieron.

“Si la muerte es el reino de la libertad, entonces escapo hacia la libertad mediante la muerte”, citó Wallace a Frantz Fanon en la introducción a un poema que escribió en la prisión en 2012.

En Una voz definida, Wallace escribió: “Removieron mi murmullo de la población en general; Para máxima seguridad, gané una voz; Removieron mi voz de máxima seguridad, A la segregación administrativa, mi voz dio esperanza; Removieron mi voz de la segregación administrativa; Al confinamiento solitario, mi voz se convirtió en vibración por la unidad…”

“La literatura puede y debe elevar el alma de un hombre”, dijo un día el general Giap. El hijo del “erudito campesino” tenía razón, como lo prueban las propias palabras de Wallace:

“Mientras más fuerte suena mi voz, más profundo me entierran,

“¡DIJE, MIENTRAS MÁS FUERTE SUENA MI VOZ MÁS PROFUNDO ME ENTIERRAN!”

Había mucho en común entre Giap y Wallace y seguramente los dos lo sabían, a pesar de que nunca se encontraron.

Giap combatió a las potencias coloniales y murió libre. Wallace, conocido como el “Muhammad Ali del Sistema de Justicia Criminal”, pasó la mayor parte de su vida prisionero, pero nunca bajó su puño en ristre, hasta que murió. Pero, de nuevo: “Si la muerte es el reino de la libertad, entonces escapo hacia la libertad mediante la muerte”.

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Las palabras del poeta palestino Mahmoud Darwish siempre pueden encontrar espacio en cualquier discusión sobre la libertad. ¿Puede la muerte ser ese “país distante sin fronteras”, en el cual Fanon, Darwish y Wallace se encuentran e intercambian notas sobre la libertad y la resistencia?

De los miles de prisioneros palestinos en las cárceles israelíes, 1.200 sufren diversas enfermedades, y entre ellos, según UFree Network, 44 sufren cáncer. De los casi 5.000 prisioneros 320 son niños. Cabe poca duda de que cada uno de esos niños ve a Nelson Mandela como un héroe. Herman Wallace también es un héroe.

“Liberad a todos los prisioneros políticos, prisioneros de guerra, prisioneros de conciencia”. Wallace terminó su poema. Sus palabras no se dirigían a sí mismo y a sus compañeros en la prisión. De Palestina a Afganistán, a Guantánamo, a Luisiana, sus palabras están cargadas de significado y relevancia.

“Cuando comenzamos no pensábamos en nosotros mismos, encarábamos al sistema. Eso continúa”, dijo Robert King. Y así será, porque, como dijo Giap, no hay nada más precioso que la libertad.

Y los que luchan contra el “sistema”, cualquier sistema, tienen que comprender que sin unidad no se puede ganar ninguna batalla, no las de guerras de liberación, como en Palestina, ni las libradas desde los confinamientos solitarios.

En una entrevista en ‘CNN’ en 2004, Giap, hablando de la guerra de EE.UU. en Irak, dijo que una nación que se alza y sabe cómo unirse siempre derrotará a un invasor extranjero. “Cuando el pueblo tiene espíritu para buscar la soberanía independiente… y muestra solidaridad, significa que el pueblo puede derrotar al enemigo”, dijo el general vietnamita.

Como Wallace, Giap, de 102 años, era muy frágil. Sin embargo, junto con Wallace, esas “voces definidas” siguen definiendo la historia.

CounterPunch. Traducido para Rebelión por Germán Leyens

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