La Altanería, Arrogancia O Prepotencia Son Prácticas Que Corresponden A La Ideología Burguesa

Los comunistas deben ser humildes, sencillos y autocríticos

Compromiso, sencillez, modestia, camaradería y solidaridad son principios de actuación básicos de todo comunista.

La altanería, arrogancia o prepotencia son prácticas que corresponden a la ideología burguesa, fomentan la competencia y el individualismo, por lo que los comunistas debemos luchar en contra de ellas.

Los comunistas jamás se deben creer perfectos ni en posesión siempre de la razón. Deben ser humildes y autocríticos, reconocer los errores cuando los cometan y corregirlos. Quien siempre se cree en posesión de la verdad y nunca reconoce errores o se autocrítica es un prepotente, un soberbio y no es un comunista.

Estas prácticas son contrarias a los objetivos que persigue un Partido Comunista Proletario: igualdad, justicia, emancipación del pueblo y construcción de un hombre y una sociedad nueva.

Estos principios son una base sólida para ayudar a romper con la opresión capitalista, que no se traduce sólo en explotación en el trabajo, sino en incontables formas de opresión y enajenación, tales como la violencia contra la mujer, el racismo, el abuso a menores, a enfermos, a ancianos, etcétera. También encuentra expresión en la contradicción entre el trabajo manual e intelectual, así como entre el campo y la ciudad.

La clase trabajadora adquiere conciencia de clase y se rebela en contra del orden capitalista no sólo por la explotación del trabajo, sino por la dominación política y todas las formas de enajenación y opresión que conlleva la vida en el capitalismo.

Las humillaciones constantes y los malos tratos de los cuales son objeto los trabajadores a manos de capataces, supervisores, policías, gobernantes y patrones no pueden repetirse entre quienes luchan en contra de este modo de explotación.

Los trabajadores con conciencia de clase, a diferencia de quienes no hacen sino repetir aquello que la burguesía transmite y enseña, entienden que detrás de cada abuso, de cada humillación, de cada injusticia, existe el interés de la clase capitalista y, por ello, no se conforma con luchar en contra de las humillaciones, sino que lo hace contra sus artífices; sin embargo, eso no quiere decir que olvide el dolor moral que provocan todas estas manifestaciones de la opresión burguesa.

Así pues, la parte más avanzada del proletariado, la llamada a engrosar las filas del Partido Comunista, comienza a desarrollar su moral de clase, que ha de traducirse en moral comunista, la cual implica no sólo el rebelarse en contra de la explotación del trabajo, sino también en contra de todas las expresiones de las relaciones sociales hostiles promovidas por la burguesía.

Como clase dominante, la burguesía se ha encargado de hacer predominantes las actitudes nocivas, pero el Partido Comunista ha de erigirse como el destacamento más avanzado del pueblo trabajador, pues el proceso de emancipación no puede ser conducido por una organización en donde sean la norma el individualismo, el protagonismo o el enriquecimiento mediante el trabajo ajeno.

Sólo con su práctica y ejemplo los comunistas podrán avizorar y palpar la posibilidad de que seamos libres y vivamos en una sociedad comunista. Pero no debe ser ingenuo y debe saber que, finalmente, como advertía Lenin, La revolución la queremos con los hombres de hoy, y también que esos hombres de hoy y quienes estarán dispuestos a hacer una Revolución, se están rebelando contra una diversidad de formas de opresión, por lo que ha de ser cuidadoso en no representar con sus dichos ni con sus actos aquello que el pueblo trabajador ha rechazado.

Koba de ODC

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *