El Marco Económico Del “Socialismo” Del Siglo XXI

¿Se puede transitar al socialismo con una alianza económica con la burguesía y la propiedad privada y sin control obrero en las empresas nacionalizadas? Obviamente que no,

Extracto

El llamado marco económico en el «Socialismo del Siglo XXI» cumple todas las expectativas de los negacionistas de las tesis económico-políticas de Marx, Lenin y Stalin. Este no es más que la cristalización de todo lo ya expresado, debe aclararse al lector menos instruido una premisa básica; todo lo que no es integralmente socialismo ha de ser considerado esencial e irrevocablemente capitalismo; pues es la economía el instrumento que permitirá desarrollar la praxis socialista. Este punto, que quizás se puede decir que es el más importante a desarrollar en este documento, tendrá una extensión mayor a la de otros puntos debido a su importancia. Esto debe de quedar claro para no aminorar la importancia del sector económico en la transformación de la sociedad:

«El comunismo se distingue de todos los movimientos anteriores en que echa por tierra la base de todas las relaciones de producción y de intercambio que hasta ahora han existido y por primera vez aborda de un modo consciente todas las premisas naturales como creación de los hombres anteriores, despojándolas de su carácter natural y sometiéndolas al poder de los individuos asociados. Su institución es, por tanto, esencialmente económica, la elaboración material de las condiciones de esta asociación; hace de las condiciones existentes condiciones para la asociación». (Karl Marx, La ideología alemana, 1845-1846)

Del mismo modo Engels recalca lo mismo para disipar dudas:

«La concepción materialista de la historia parte del principio de que la producción, y, junto con ella, el intercambio de sus productos, constituyen la base de todo el orden social; que en toda sociedad que se presenta en la historia la distribución de los productos y, con ella, la articulación social en clases o estamentos, se orienta por lo que se produce y por cómo se produce, así como por el modo como se intercambia lo producido. Según esto, las causas últimas de todas las modificaciones sociales y las subversiones políticas no deben buscarse en las cabezas de los hombres, en su creciente comprensión de la verdad y la justicia eternas, sino en las transformaciones de los modos de producción y de intercambio; no hay que buscarlas en la filosofía, sino en la economía de las épocas de que se trate». (Engels, Anti-Dühring, 1878)

Esto de paso nos sirve para criticar a revisionismos como el maoísmo que hacen énfasis en la superestructura creyendo que es superior a la base económica pese a que acabéis de ver que Marx expresa lo contrario, ellos alcanzan esa conclusión creyendo que con voluntarismo metafísico se puede lograr lo que sea, de ahí la creencia absurda del maoísmo que el campo debe de ser la base de la economía, cuando precisamente para lograr aumentar la producción y las fuerzas productivas del campo se requiere de toda la modernización técnicas posible que puede darle la industria pesada –haciéndose evidente la ignorancia económica marxista del maoísmo–, y no por el voluntarismo de gran número de mano de obra sin técnica. En el caso que nos ocupa sucede lo mismo, los ideólogos del «Socialismo del Siglo XXI» creen en un alarde nunca antes visto –quizás solo por el eurocomunismo– de idealismo y metafísica que se puede ir al socialismo mediante unión con la burguesía, unión con la religión, y unión con la propiedad privada, esta última unión es la que nos compete aquí. Puntualizar que todos los revisionismo han mantenido vigente la propiedad privada, ya fuera en su forma tradicional, mediante el capitalismo de Estado, como en formas cooperativas de propiedad; en ese sentido ciertos ideólogos enmarcados dentro del «Socialismo del Siglo XXI» utilizan tesis del titoismo, que a su vez copian las tesis del anarcosindicalismo –que quisieron ser introducidas en su día en el Partido Bolchevique mediante la llamada «oposición obrera»–; para convencer a las masas que la propiedad estatal es una forma «indirecta de la propiedad colectiva», ergo dicen que la forma directa sería la autogestión empresarial, la cual reniega abiertamente de cualquier plan centralizado a escala nacional y no hace distinción entre las clases trabajadoras, negando una vez más el papel protagónico a la clase obrera, sobra decir que la promoción de empresas mixtas con los imperialismos y la búsqueda de un capitalismo «productivo» son otras de estas recetas:

«Bases del modelo productivo de la transición al socialismo: 1. Eliminación de propiedad privada monopólica nacional y extranjera sobre los medios de producción, especialmente los esenciales. 2. Promoción de la propiedad privada no monopólica con función social. 3. Promoción de empresas mixtas con mayoría accionaría del Estado y progresivo control de los trabajadores y trabajadoras, bajo las siguientes condiciones: (a) Con empresas extranjeras: transferencia tecnológica y del conocimiento, realización de inversiones sociales correlativa al monto de la inversión, cumplimiento riguroso de las leyes y el contrato establecido, garantía de respeto a la madre tierra y la soberanía nacional. (b) Con Consejos Comunales: transferencia progresiva de propiedad estatal a propiedad comunal, en función de la eficiencia, honestidad en la administración del bien y acumulación comunitaria del excedente económico. 4. Promoción de la propiedad comunal, forma de propiedad colectiva que sólo puede usufructuarse en comunidad. 5. Propiedad Estatal, como forma indirecta de la propiedad colectiva. 6. Propiedad personal consistente en el patrimonio personal y familiar, que no puede usarse para la explotación de trabajo ajeno». (Bases programáticas del Partido Socialista Unido de Venezuela –PSUV–)

¿Se puede transitar al socialismo con una alianza económica con la burguesía y la propiedad privada y sin control obrero en las empresas nacionalizadas? Obviamente que no, al menos no al socialismo marxista. Orlando Núñez Soto, asesor presidencial del gobierno de Nicaragua, expresa su admiración por el revisionismo yugoslavo, y aunque de afiliación anarquista entendemos que pertenece a la expresión que defiende la aplicación del «Socialismo del Siglo XXI» –lo que indica como todas las corrientes antimarxistas convergen–:

«En Yugoslavia se combinó un régimen de carácter democrático con una gestión generalizada de empresas autogestionarias y de repúblicas federadas que se turnaban la conducción del Estado federado. Experiencia que se separó tanto del socialismo soviético, como del socialismo de la socialdemocracia europea. Lamentablemente, esta experiencia es menos conocida y fue brutalmente descuartizada por las tropas del Tratado del Atlántico Norte –OTAN–, apadrinado por el imperialismo estadounidense. A mi modo de ver es la experiencia donde el socialismo alcanzó su mejor nivel, tal como lo definía el marxismo, una verdadera unión de trabajadores libremente asociados». (Orlando Núñez; La vía asociativa hacia el socialismo, 2012)

Mucha gente que no ha tenido la oportunidad de tener un libro marxista entre sus manos apuntala a la experiencia yugoslava como la mejor, pero en acción no saben explicar muy bien por qué ni cómo funcionaba la «autogestión», pero no les culpamos por dirigir tan bien la misma propaganda que el imperialismo norteamericano repartía en las Democracias Populares sobre Yugoslavia en los años 50. El hecho de que estos ideólogos rehabiliten y acuñen el bluff de la autogestión yugoslava [16] en el seno de esos procesos dice mucho del nivel teórico de estas organizaciones, siendo o bien ignorantes de la lucha desarrollada contra el anarcosindicalismo por Lenin y contra el titoismo por Stalin, o bien cínicos de campeonato que hacen anotaciones y caracterizaciones margínales a pesar de tener debida constancia de esas pugnas, de sus razones. Lenin expresó su rechazo a estas concepciones:

«Toda legislación, ya sea directa o indirecta, sea de la posesión de su propia producción por los obreros de una fábrica o de una profesión tomada en particular, con derecho a moderar o impedir las órdenes del poder del estado en general, es una burda distorsión de los principios fundamentales del poder soviético la renuncia completa del socialismo». (Lenin, La naturaleza democrática y socialista y del Poder Soviético, 1917)

En contra de esta tesis, lo defensores del «Socialismo del Siglo XXI», no solo defienden la economía mixta sino que comprenden que las formas de propiedad privada pueden forma parte del proceso socialista, implícitamente negando la lucha de clases y el desarrollo histórico:

«Nuestra hipótesis es que en nuestras sociedades los trabajadores ya se han convertido en productores, aunque por una vía diferente a la industrialización capitalista de los países metropolitanos. Tenemos una masa mayoritaria que nosotros hemos llamado proletariado por cuenta propia, para diferenciarlos del proletariado por cuenta del capital, como hemos estado acostumbrados a conocerlos. Trabajadores-productores que han sido expulsados o no tienen esperanza alguna de convertirse en obreros asalariados. Nos referimos a los trabajadores-productores –la economía familiar, los campesinos, los artesanos, los pescadores, los madereros, los manufactureros, los pequeños transportistas, las cooperativas de acopio, crédito y otros servicios–. Son trabajadores directos que además de haberse convertido en trabajadores-productores, se han amparado de gran parte de los medios de producción». (Orlando Núñez Soto; La vía asociativa hacia el socialismo)

Como hemos visto se defiende la propiedad privada y se le cambia el nombre a la clase social en un intento ridículo donde no se comprende lo que es un asalariado. También se llega al punto de querer que las masas piensen que la propiedad privada individual no conlleva nada de «maligno» para el bien social colectivo; y que es una forma de propiedad que guarda una «esencia socialista»; al menos eso defiende el secretario internacional adjunto del FSLN:

«No se debe confundir, pues, lo privado con lo individual, ni estigmatizar esto último como necesariamente contrario a lo colectivo y lo social. (…) La propiedad social no tiene por qué limitarse a su forma estatal, pudiendo ser comunitaria, asociativa, cooperativa y hasta individual». (Carlos Fonseca Terán; La Perpendicular histórica, El modelo socioeconómico)

La conocida como «economía mixta», o dicho de otro modo: la existencia de la propiedad privada y la no eliminación de la explotación del hombre por el hombre, fue una teoría económica desarrollada y utilizada por la socialdemocracia que influenció mucho en los distintos revisionismos, este tipo de economía que no cambia la naturaleza económica del Estado capitalista ha sido la que han adoptado los «Socialistas del Siglo XXI» en el poder, no podía ser otro modo al advertir que su estructura está tomada por el elemento burgués. También, como lo han hecho a lo largo de la historia los socialistas de la II internacional, el titoismo, el maoísmo [17], el eurocomunismo etc., los seguidores del «Socialismo del Siglo XXI» abogan por un desarrollo del capitalismo no monopolista, que según ellos reportaría un amplió beneficio para la nación, un común de burgueses y proletarios, siendo los afectados la burguesía burocrática –que es la burguesía que está ligada económicamente a los imperialismos– y los imperialismos extranjeros. Por tanto aquí a diferencia de lo que ha planteado siempre el marxismo-leninismo no se busca destruir la burguesía nacional, sino desarrollarla en todo su esplendor, ya que la burguesía «apátrida» y el imperialismo que dominaba el país no la ha dejado emerger como debiera.

El problema de esa lógica es que no hacen una lectura científica del proceso en tanto pasan por alto que la burguesía nacionalista, una vez alcance su máximo desarrollo tenderá a insertarse en el mercado global, dejando de ser precisamente nacionalista y antiimperialista; es este proceso el que caracteriza al proceso sandinista. En los ochentas en Nicaragua se desarrolló una revolución de índole liberal-pequeñoburguesa, de hecho los marxistas-leninistas fueron perseguidos y encarcelados en el año 1980, sus medios de comunicación clausurados, etc. –un tratamiento que irónicamente la burguesía contrarrevolucionaria no recibiría ni en los tiempo más álgidos de contrarrevolución armada–; en el periodo transcurrido desde la pérdida del poder en 1990 hasta la recuperación del mismo en el 2006 esa pequeña-burguesía que se había hecho con la dirigencia del partido se fue transformando hasta convertirse en burguesía nacionalista; en la actualidad y bajo la influencia del «Socialismo del Siglo XXI» como ella misma proclama en su prensa, esa burguesía nacionalista ha convertido el periodo actual en uno de carácter liberal-burgués mediante el cual esa burguesía busca insertarse en el mercado global; para ello han puesto en práctica una serie de pautas económicas que en la praxis adolece absolutamente de antiimperialismo, como es el caso de lo concerniente al Proyecto Gran Canal Interoceánico de Nicaragua [18], aunque lo justifican precisamente en la independencia económica de la metrópolis, absurdo.

Es preciso dar respuesta al hecho de que muchos intelectuales charlatanes que se visten de marxistas intentan excusarse en la Nueva Política Económica –NEP– [19] para dicho desarrollo prolongado del capitalismo. En ese sentido hay que aclarar que la NEP no fue una receta para la construcción del socialismo; sino que fue un proceso de construcción de capitalismo de Estado que serviría para crear la base proletaria e industrial que el proceso al socialismo requería en la URSS. Como explicó detalladamente Lenin en su libro «Sobre el impuesto en especie» de 1921, existían cuatro elementos económicos: la propiedad campesina patriarcal, la pequeña producción mercantil, la propiedad privada, el capitalismo de estado, y el socialismo. El objetivo del Estado en esa época era aislar y eliminar la propiedad privada y fomentar el capitalismo controlado bajo el Estado proletario y el socialismo. Explicado más extensamente se podría decir que la NEP fue el procedimiento que tenía por objetivo la restauración económica cuyo primer objetivo era reparar la industria ligera y la agricultura, básicamente no porque fuera un plan más o menos socialista –como pretenden presentarlos los negacionistas del papel de la industria pesada– sino porque directamente la gente en aquel periodo se moría de hambre por los estragos económicos de varias guerras entrelazadas. Además que sin una agricultura que rindiera como mínimo como antes de la guerra, no se podría financiar a la industria. A partir de ahí, cuando eso se solucionó con franca rapidez, la base económica del Partido Bolchevique desde mediados de los años veinte fue el énfasis en la industria pesada, rebajar los costes industriales, y surtir de toda la técnica y maquinaria posibles al campo. Cuando en el orden histórico se aplican los planes quinquenales ya se había recuperado notablemente el sector campo-industrial, sobretodo la industria ligera. Los textos soviéticos manifiestan que pese a no contar con el expolio de las colonias, característico del capitalismo, ni de beneficios por la exportación de capitales –capital financiero– que le rentaran, tenía otras ventajas; casi todas las empresas dadas en concesión del capitalismo de Estado –que jamás fueron las que pertenecían a los sectores claves– fueron renacionalizadas, y no existiendo una clase parásita se podía destinar todas las inversiones que se quisieran a la industria, tampoco tenían contraída una deuda exterior ya que los Bolcheviques se negaban a pagarla directamente. En el campo se arrastraba una propiedad privada de pequeños productores, la cual no se había recuperado tan bien como la industria, se propuso para paliar dicho problema la colectivización en 1927 ya que por entonces si se podía contar con el apoyo de una industria pesada sana, y se iniciaría poco después en 1929 cuando se vio factible la oportunidad al resolverse la poca influencia que el Partido en el campo y a la conciencia de la lucha de clases de los campesinos que entre otros factores anteriores obligaban al Partido a negarse a emprender dicha empresa apresuradamente. Gracias a la estatización de la industria durante los primeros meses de la revolución, y a la expansión de esta durante los planes quinquenales, se pudo abastecer al campo con una maquinaria moderna y recuperar los datos de producción de antes de la guerra, e incluso superarlos. Pero obviamente todas estas medidas fueron «transitorias» y «obligadas» por las condiciones materiales concretas de Rusia y de su economía en el momento:

«Y si en nuestro país, dadas las condiciones de atraso en las que estábamos, al hacer la revolución no existe el necesario desarrollo industrial, ¿qué debemos hacer? ¿Renunciar al camino emprendido? ¿Desanimarnos? Emprendemos una labor ímproba, porque el camino iniciado es certero. (…) Esa es la causa de nuestro repliegue. Esa es la razón de que debamos replegarnos hacia el capitalismo de Estado, hacia la explotación de empresas en régimen de concesión, hacia el comercio. Sin eso, dado el actual estado de ruina, no podremos restablecer los debidos nexos con el campesinado. (…) Una política tal está dictada por nuestro estado de miseria y de ruina y por el tremendo debilitamiento de nuestra industria». (Lenin, Política interior y exterior de la República, 1921)

Pero ello no supuso un freno en la lucha de clases:

«La determinación de la medida y de las condiciones en las que el arrendamiento de empresas en régimen de concesión es conveniente y no ofrece peligro para nosotros depende de la correlación de fuerzas y se decide por la lucha, puesto que también las concesiones son también un tipo de lucha, la continuación de la lucha de clases en otra forma, pero de ninguna manera la lucha de las clases es remplazada por la paz de clases». (Lenin, Sobre el impuesto en especie, 1921)

Veamos como Enver Hoxha lo expresa de modo exacto y resumido:

«Lenin consideraba la NEP como algo provisional que venía impuesto por las condiciones concretas de la Rusia de entonces, arruinada por la larga guerra civil, pero no como una ley general de la construcción socialista. De hecho, un año después de la proclamación de la NEP, Lenin puntualizaba que la retirada ya había terminado y lanzó la consigna de preparar la ofensiva contra el capital privado en la economía». (Enver Hoxha, El imperialismo y la revolución, 1978)

Por supuesto, aquí hay que recalcar otro aspecto; la NEP siempre estuvo bajo la Dictadura del Proletariado y el Campesinado, y nunca hubo negación de la lucha de clases sino agudización de la misma, y menos una unidad táctico-estratégica con la burguesía como plantean los procesos en desarrollo en Latinoamérica. Lenin comprendió que la lucha de clases, el sostenimiento inquebrantable de la Estado proletario, y el peligro que suponía la flexibilidad de la NEP y del marco económico, de ahí que subrayó la importancia de los puestos claves de la economía:

«He dicho antes que nuestro capitalismo de Estado se diferencia del capitalismo de Estado, comprendido literalmente, en que el Estado proletario tiene en sus manos no sólo la tierra, sino también las ramas más importantes de la industria». (Lenin, Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial, 1921)

Similar deducción para la función de la cooperativa. No tocaremos en este documento la colectivización del campo, pues este proceso es minúsculo o inexistente, en los campos de los países del llamado «Socialismo del Siglo XXI», nadan en un mar de pequeños propietarios privados, ¡que casualidad!, parecen que son otro tema en que divergen compartiendo la política de la Yugoslavia titoista que jamás llevo en serio una colectivización del campo, llevando consigo el panorama clásico del campo capitalista de empobrecimiento y diferenciación del campesinado. De hecho muchas veces todavía no se ha llevado una reforma agraria seria que destruya latifundio, que es sinónimo de feudalismo: En Venezuela en el 2005, según datos económicos del Ministerio del Poder Popular para la Agricultura y Tierras del gobierno bolivariano, existían aún 46% tierras en estado de latifundio.

He aquí desmontada entonces la falsificación hecha por los revisionistas y reformistas, que han pretendido comparar y encontrar en la economía de transición desarrollada en la Rusia Bolchevique el elemento económico capitalismo de Estado de la Unión Soviética –que anidaba junto al sector socialista de la industria en un Estado proletario–; frente al elemento económico del capitalismo de Estado de un Estado burgués donde anida con la propiedad privada, con la propiedad mixta y el sector «público» en un Estado burgués.

Otro problema cardinal en el desarrollo de las tesis económicas revisionistas que hoy hacen suyas los neorevisionistas, es que muchos dirigentes de los Partidos Comunistas seguían pensando y actuando como los Partidos Socialistas de la II internacional; es decir, entendían que su país necesitaba la ayuda del capitalismo para ponerse en pie y hacer la revolución socialista. Esta cuestión la expresó y resolvió correctamente Lenin, el cual vislumbró que los países coloniales y semicoloniales que no tenían un vasto desarrollo del capitalismo, teniendo pues reminiscencias feudales, no deberían pasar por dicha etapa capitalista, sino que deberían ir directamente a las relaciones de producción socialista, siendo en este camino ayudados por los Estados donde ya imperaban la dictadura del proletariado. Tomemos un informe de Lenin para los países coloniales y semicoloniales:

«La cuestión ha sido planteada en los siguientes términos: ¿podemos considerar justa la afirmación de que la fase capitalista de desarrollo de la economía nacional es inevitable para los pueblos atrasados que se encuentran en proceso de liberación y entre los cuales ahora, después de la guerra, se observa un movimiento en dirección al progreso? Nuestra respuesta ha sido negativa. Si el proletariado revolucionario victorioso realiza entre esos pueblos una propaganda sistemática y los gobiernos soviéticos les ayudan con todos los medios a su alcance, es erróneo suponer que la fase capitalista de desarrollo sea inevitable para los pueblos atrasados. En todas las colonias y en todos los países atrasados, no sólo debemos formar cuadros propios de luchadores y organizaciones propias de partido, no sólo debemos realizar una propaganda inmediata en pro de la creación de Soviets campesinos, tratando de adaptarlos a las condiciones precapitalistas, sino que la Internacional Comunista habrá de promulgar, dándole una base teórica, la tesis de que los países atrasados, con la ayuda del proletariado de las naciones adelantadas, pueden pasar al régimen soviético y, a través de determinadas etapas de desarrollo, al comunismo, soslayando en su desenvolvimiento la fase capitalista». (Lenin, Informe de la Comisión para los Problemas Nacional y Colonial, 26 de julio de 1920)

Esta tesis de Lenin quedó confirmada con el tránsito al socialismo efectuado por la Mongolia feudal sin pasar por el capitalismo.

Obviamente como todo el mundo sabe a estas alturas, los revisionismos ignoraron este y otros consejos de la Komintern primero y la Kominform después, y prefirieron zozobrar en el capitalismo de forma que se mantuvo y reforzó a la burguesía que desataría la contrarrevolución limpiando del paso cualquier reminiscencia de cualquier elemento socialista del pasado. De hecho Lenin, hubiera deseado el «atajo» para Rusia del que hablaba en sus tesis sobre los países coloniales, con el cual no habría tenido que extender la NEP, pudiendo ser capaz dicho país de ir al socialismo si hubiera existido algún país socialista desarrollado que pudiera haber ayudado a la Rusia revolucionaria:

«Debéis recordar que nuestro País Soviético, sumido en la miseria tras largos años de pruebas, no está rodeado de una Francia o una Inglaterra socialistas, que podrían ayudarnos con su alto nivel técnico e industrial. ¡Nada de eso! Debemos recordar que ahora toda su técnica adelantada y su industria desarrollada pertenecen a los capitalistas, los cuales obran contra nosotros». (Lenin, La nueva política económica y las tareas de los comités de instrucción política, 1921)

Claro queda que el «Socialismo del Siglo XXI» que utiliza tanto la NEP para justificar no hacer sus deberes económicos, tampoco tiene en sus manos el Estado, pues sigue habiendo una dictadura de la burguesía –de la que quieran o no son parte y gendarmes al no avanzar nunca–, eso ya lo hemos explicado, pero el caso es que ni mucho menos ven como un «peligro» la existencia de propiedad privada a pequeña escala, uniendo esta despreocupación a otras tendencias, vemos que no puede haber conexión alguna entre este y el marxismo-leninismo:

«La dictadura del proletariado es la guerra más abnegada y más implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se halla decuplicada por su derrocamiento –aunque no sea más que en un solo país– y cuya potencia consiste, no sólo en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de las relaciones internacionales de la burguesía, sino, además, en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Pues, por desgracia, ha quedado todavía en el mundo mucha y mucha pequeña producción y ésta engendra al capitalismo y a la burguesía constantemente, cada día, cada hora, por un proceso espontáneo y en masa. Por todos estos motivos, la dictadura del proletariado es necesaria, y la victoria sobre la burguesía es imposible sin una lucha prolongada, tenaz, desesperada, a muerte, una lucha que exige serenidad, disciplina, firmeza, inflexibilidad y una voluntad única». (Lenin, La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1918)

En 1948, en plena lucha internacional contra el titoismo, el marxista-leninista Giorgi Dimitrov en una aguda autocrítica para su Partido nos regaló las siguientes reflexiones precisamente sobre las teorías revisionistas que acecharon en su Partido durante un tiempo y que ahora quieren los «Socialistas del Siglo XXI» afianzar en sus Partidos como fundamentos teóricos [20]:

«La corrección de la política del Partido para la liquidación del sistema capitalista y la construcción del socialismo en nuestro país, mediante la lucha de clases inflexible contra los elementos capitalistas y a través la adopción del principio de planificación en nuestra economía, no es disputada actualmente por nadie en nuestro Partido. Generalmente esta política es reconocida y firmemente realizada en la práctica. (…) En las condiciones creadas por las elecciones a la Gran Asamblea Nacional y con la formación de un gobierno bajo la dirección directa del Partido Comunista, no se podía igualmente hacer efecto un mayor desarrollo de las fuerzas productivas, de la economía nacional o del bienestar de las personas que trabajan sin la liquidación radical de la base económica de la clase capitalista. En Bulgaria se volvió a confirmar mediante la propia experiencia la tesis de Lenin y Stalin sobre la descomposición del capitalismo. Éste sistema –la democracia burguesa capitalista– cuando ve peligrar su propia existencia, de su misma crisis inherente e insoluble da a luz al fascismo, de ello podemos extraer que ningún cambio democrático serio y permanente son posibles bajo éste, y por lo tanto ningún progreso es factible sin atacar las propias bases mismas del sistema capitalista, no hay cambio cualitativo sin la toma de mando del socialismo. (…) Después de que las principales tareas del período anterior fueran en su mayor parte resueltas –hablando de las tareas de la etapa democrático-burguesa–, el partido en general continuó equivocadamente guiándose por sus viejas consignas. Hemos permitido un cierto retraso en la destrucción de la oposición reaccionaria. Hemos continuamos hablando de modo erróneo de la posibilidad de coordinar los intereses de los empresarios y comerciantes privados con los intereses generales del Estado en un momento en que toda la situación ya permitía tomar medidas radicales para la eliminación de la ley de los capitalistas en la economía nacional, cuando efectivamente se habían abierto los cauces necesarios para llevar a cabo las bases del socialismo en toda su esencia. Esto no se podía permitir». (Giorgi Dimitrov, Informe al V Congreso del PCB, 1948)

Estas lecciones no deben ser olvidadas, son un tesoro escrito para la clase obrera y sus Partidos. Pero lamentablemente, como hemos aclarado y declarado, para los ideólogos del neorevisionismo son las tesis que adorar y utilizar:

«¿Podemos expropiar –compensando a los propietarios– o confiscar a los propietarios de medios de producción? Obviamente que no, dada la existencia mayoritaria de pequeños y medianos productores mercantiles. Sería un verdadero suicidio tanto desde el punto de vista político como económico, pues estaríamos afectando a la mayoría de la población. ¿Podemos expropiar o confiscar a los grandes capitales locales o a las corporaciones internacionales? Igualmente, parece muy difícil, dado que gran parte de su patrimonio está internacionalmente dislocado». (Orlando Núñez; La vía asociativa hacia el socialismo, 2012)

Aquí se observan excusas tan patéticas que perfilan que no se debe expropiar al burgués porque su patrimonio en su mayoría esta fuera del país, primero habría que analizar si eso en cada caso es cierto, y segundo; en caso de estar en lo que sospecha, no borra la contradicción principal de todo esto: el trabajo asalariado que brinda la propiedad privada. En esa cita se habla de todos modos como si en la época de Lenin esto no ocurriera en los bancos o empresas de escala internacional, esto como vemos es el todo vale para perpetuar que la propiedad privada siga teniendo un papel destacado; y por extensión la burguesía. Estos intelectuales burgueses nada han estudiado respecto a las experiencias históricas del campo socialista –o la ignoran a propósito de sus tesis–, a las que suelen despreciar mientras alaban a conocidos revisionistas, como hemos visto anteriormente a este autor antimarxista al alabar la praxis de Tito, el revisionista yugoslavo. Volviendo al tema clave; sin la eliminación del poder político y económico de la burguesía no hay poder efectivo del Partido que en teoría quiere ir al socialismo:

«Es cierto que los capitalistas ya no eran dueños absolutos de sus empresas y capitales. El control público se instituyó poco a poco. El papel de los sindicatos creció inmensamente. Pero por mucho que el dominio de los capitalistas fuera limitado, al seguir siendo los propietarios de las empresas ellos explotaban este incontestable hecho con el fin de impedir por todos los medios, el desarrollo de la producción y de las medidas gubernamentales» (Giorgi Dimitrov, Informe al V Congreso del PCB, 1948)

Y otro apunte no menos importante: sin eliminar la propiedad privada no se borra el peligro del fascismo, que lo engendra el capitalismo como efectivamente señalo Beltolt Brecht y repitió Giorgi Dimitrov, algo que los ideólogos del «Socialismo del Siglo XXI» pretender ignorar animando a mantener la paz de clases y rezando porque el ejercito «respete las libertades democráticas»:

«En las condiciones creadas por las elecciones a la Gran Asamblea Nacional y con la formación de un gobierno bajo la dirección directa del Partido Comunista, no se podía alcanzar un mayor desarrollo de las fuerzas productivas, de la economía nacional o del bienestar de los trabajadores, sin la liquidación radical de la base económica de la clase capitalista. En Bulgaria se volvió a confirmar mediante la propia experiencia la tesis de Lenin y Stalin sobre la descomposición del capitalismo. Éste sistema –la democracia burguesa capitalista– cuando ve peligrar su propia existencia, de su misma crisis inherente e insoluble da a luz al fascismo, de ello podemos extraer que ningún cambio democrático serio y permanente es posibles bajo éste, y por lo tanto ningún progreso es factible sin atacar las bases mismas del sistema capitalista, no hay cambio cualitativo sin la toma de mando del socialismo. En la tarea de superar dicha barrea nuestro país fue enormemente aliviado por la ayuda fraternal recibida de un Estado socialista fuerte –la Unión Soviética–» (Giorgi Dimitrov, Informe al V Congreso del PCB, 1948)

Es por ello que recomendamos a todos esos ideólogos pequeñoburgueses que en lugar de perpetuar la ideología burguesa de Tito, se den a la tarea de estudiar y divulgar a verdaderos marxistas de esa misma época, es el caso de Dimitrov por ejemplo.

Por otro lado resulta evidente que en la actualidad los países que se declaran socialistas no tienen el desarrollo económico como para sostener el desarrollo de terceros países al socialismo, algo que deriva del no desarrollo de una propia industria pesada –es la productora de medios de producción–, de ahí que para todo país que pretenda enrumbarse al socialismo necesariamente habrá de transitar por métodos como el capitalismo de Estado temporalmente, pero esta solución temporal solo se tratará de un proceso al socialismo si ese tránsito se da bajo la dictadura democrática del proletariado y el campesinado; y nunca bajo la dictadura de la burguesía como ya hemos insistido. Por lo tanto la tarea será como dice Lenin limitar al capitalismo y encauzarlo por vías estatales para que pueda ser controlado y lanzar una ofensiva inmediata cuando se tengas las suficientes fuerzas para ello, como recordó Enver Hoxha al resumir la experiencia de la NEP.

Desafortunadamente la comprensión económica que desarrolla el neorevisionismo es exactamente la misma que ya fuera desarrollada por los revisionismos que le antecedieron; con ingredientes de la socialdemocracia, del keynesianismo, e incluso del hayekianismo. En esencia se trata del resultado objetivo de ese compendio de teorías enfrentadas que intentan conciliar. Y que si bien se ha traducido en un crecimiento económico sostenido en toda la región –siempre ha habido crecimiento plasmado en los macronúmeros, y las endebles economías regionales siempre tienen margen de crecimiento– lo cierto es que la misma está beneficiando en exclusiva a la clase dominante que en conjunto ha experimentado un crecimiento en torno al 35% de su capital desde el 2005, esto no ha sido diferente para ninguna nación del entorno –desde Venezuela, pasando por Ecuador, Nicaragua, Brasil, etc. –. Tomemos el ejemplo de Nicaragua pues el FSLN se presenta actualmente a favor y como parte del «Socialismo del Siglo XXI»:

Según Wealth-X, el patrimonio del conjunto de la clase burguesa nicaragüense ha crecido en un 20%, al tiempo que el número de supermillonarios ha pasado de 180 a 190 –un 4% más desde el 2012– tomando en consideración que los que reciben este apelativo tienen de patrimonio activo 26 millones de dólares o más; no incluye el patrimonio pasivo –obras de arte, vivienda, etc. –. Pero agreguemos otros datos, según FIDEG el 42,7% de la población se encuentra inmerso en la pobreza y el 7,6 % bajo el flagelo de la extrema pobreza –que viven con menos de un dólar al día–; esto arroja una verdad incontrovertible, y es que el conjunto de la fuerza productiva del país y el resultado de ese trabajo, el plus valor, sigue siendo usurpado por la clase dominante en detrimento de las mayorías, o lo que es lo mismo, hay un marco político-económico que permite esa parasitaria usurpación. Es decir, el patrimonio en millones de dólares de los 190 supermillonarios nicaragüenses, siempre que tengan 26 millones por sujeto; haciende a nada más y nada menos que a: $ 4.940.000.000. Si repartiéramos esa cantidad a partes iguales entre todos los nicaragüenses –según el último censo– saldríamos a $ 960.70, son 32.933.333, 34 salarios mínimos interprofesionales que estaría en unos 150 dólares mensuales –es un promedio, no hay un salario mínimo interprofesional sino que hay salarios mínimos por ramas–; se podrían comprar 14,5 satélites de comunicación valorados en $ 346 millones; se podrían construir 310 hospitales como el proyectado por el Ministerio de Defensa de alta especialización y tecnología punta, 474 camas y 41 mil metros cuadrados; y así sucesivamente. A la luz de esos números consideremos el nivel de desarrollo del sistema sanitario, en consecuencia de atención a ese pilar social. Aclarar que en estos números se incluyen tanto la medicina privada como pública, en esta última no se incluyen los programas de cooperación en el campo sanitario desarrollados en el marco del ALBA y ejecutados en terceros países; pero si las misiones desarrolladas por las brigadas en territorio nacional. Y es que según datos de la OMS-OPS en el 2006 Nicaragua tenía 0,3333 médicos por cada 1.000 habitantes, en el 2013 hay 0,4 médicos por cada 1.000 habitantes. Pero atendamos otro dato que no puede ser despreciado, el número de camas por habitantes en el 2008 era de 1 por cada 1.000 habitantes; en el 2012 es de tan solo 0,9 camas por cada 1.000 habitantes. Es decir, hay un crecimiento escueto respecto a la proporción de médicos por habitantes, y que esa proporción es marginal, diría incluso que despreciable; al tiempo que el número de camas disponibles por habitantes se han reducido. Indicar que esta lógica es una transversalización de la realidad, pues evidentemente hay una mayor concentración de médicos en determinadas zonas geográfica respecto a otras. Esto tiene tres lecturas inmediatas: primero que dado el infradesarrollo del sistema sanitario nicaragüense casi cualquier incidencia de una enfermedad adquiere dimensiones epidémicas; segundo que el crecimiento económico no se está reflejando en el sector sanitario y tercero ¿dónde estás socialismo que no te vemos?

Precisamente esas contradicciones, el imperio de la usurpación de la plus valía por la clase dominante es lo que ha dado lugar a las convulsiones sociales ocurridas en el Brasil a mediados del 2013, bajo el mando del PT, cuya política económica no es muy diferente a la desarrollada por sus predecesores neoliberales encaminadas a proteger al capital privado y dar asistencialismo al pueblo, sin menospreciar el sacrosanto «pan y circo», un ejemplo: La visita Bergoglio, el colaborador de la dictadura fascista argentina, costó 59 millones de dólares, más los 500.000 dólares en conceptos de costos del transporte del papa –ese que los manipuladores demagogos del «Socialismo del Siglo XXI» llaman revolucionario–. No despreciemos que el motivo de la visita se enmarcó en la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud –Católica– cuyo coste se estimó en 220 millones de dólares. ¿Se imaginan cuantos problemas de la sociedad brasileña podrían ser solucionados con el presupuesto gastado en futbol y religión?

Reafirmamos que si bien los nuevos y presuntos procesos al «socialismo» han supuesto una mejora de las condiciones general de vida de los pueblos respecto al neoliberalismo, esa mejora, esa respuesta desarrollada en este momento no es más que una solución construida desde el capitalismo y dentro del capitalismo. Aún no se ha dado una respuesta al margen del sistema a los coyunturales problemas existentes. Y mientras eso no ocurra el crecimiento económico no será más que una cifra estampada en una estadística que se acompaña con programas de asistencia que distan de ser resolutivos.

NG
Pedro José Madrigal Reyes
El Revisionismo del «Socialismo del Siglo XXI»
Una crítica marxista-leninista

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