La Legitimidad De Las FFMM

El Paro Nacional Agrario y Popular aumentó las preocupaciones de las Fuerzas Militares en materia de legitimidad.

Saben que los resultados positivos en las encuestas de favorabilidad, hacen parte o pueden ser producto del marketing, pero no sirven para dar cuenta de la aceptación en el corazón del Pueblo. Ellos conocen del elemento moral en la estrategia y el Paro demostró que las razones del alzamiento en armas y la desobediencia del Pueblo ante la autoridad ilegítima, son más que evidentes y justas. En las FFMM se tiene el reduccionismo según el cual se es legítimo, en tanto se respete la ley.

La legitimidad de las FFMM.

Jimy Ríos.

El Paro Nacional Agrario y Popular aumentó las preocupaciones de las Fuerzas Militares en materia de legitimidad. Saben que los resultados positivos en las encuestas de favorabilidad, hacen parte o pueden ser producto del marketing, pero no sirven para dar cuenta de la aceptación en el corazón del Pueblo. Ellos conocen del elemento moral en la estrategia y el Paro demostró que las razones del alzamiento en armas y la desobediencia del Pueblo ante la autoridad ilegítima, son más que evidentes y justas. En las FFMM se tiene el reduccionismo según el cual se es legítimo, en tanto se respete la ley.
La preocupación por la legitimidad en las FFMM no es nueva. No son pocas las veces que lo han hecho explícito en sus publicaciones oficiales, algunas de las cuales reseñamos enseguida. Pero antes de hacerlo, podemos sostener que son varias y diversas las acciones orientadas a resolver sus problemas en éste tópico, cuestión que se extiende a todo el Estado. Al fin y al cabo el Leviatán en pleno tiene misiones en la guerra contra el Pueblo.
Conocemos por ejemplo la masiva y costosa campaña de marketing con producciones de televisión, cine, radio y otros medios buscando aceptación y confianza; las FFMM de Colombia copian la propaganda al mejor estilo gringo con historias de héroes y con eso pretenden ganar la guerra en las pantallas. Campañas que hacen parte de la Acción Integral, nueva forma para llamar sus operaciones cívico militares y en la cuales tienen presencia buena parte de las agencias del Estado. Acción acompañada de soldados payasos que divierten a los niños al mejor estilo de los hombres de acero de la década pasada. También con la intervención de los batallones de ingenieros cuyo crecimiento los ha convertido en una suerte de ministerio de obras públicas paralelo: hacen puentes, carreteras y otras obras con el objetivo adicional de penetrar territorio al mejor estilo de un ejército de ocupación.
Todo lo anterior, en el marco de la creación de la Jefatura de Acción Integral, a la cual se suma la Jefatura de DIH y DDHH: para enseñar a violar los Derechos Humanos sin riesgo a ser descubiertos y de esta manera evitar dar papaya a la llamada “guerra jurídica de la insurgencia”. En último término, las FFMM han ejecutado una serie de reformas institucionales con el afán de recuperar la legitimidad perdida desde que decidieron abandonar la doctrina bolivariana para convertirse en un aparato de represión, mantener un sistema político excluyente, servir de sicarios contra la oposición política, defender los privilegios de la oligarquía y los intereses del imperialismo en territorio colombiano.
“La legitimidad como centro de gravedad.”
Cuando Santos fue ministro de defensa en 2007, planteó de la siguiente manera el tema que nos ocupa en éste texto: “La principal diferencia entre el uso de las armas por parte de nuestra Fuerza Pública y el que hacen de ellas los terroristas es la legitimidad que el pueblo le ha dado a la primera, en un voto de confianza que debe renovarse y ganarse cada día. La existencia de las Fuerzas Armadas adquiere sentido en la medida en que defiende las virtudes de un Estado de Derecho democrático, conforme al mandato soberano de los colombianos a través de la Constitución y La Ley, y eso incluye el respeto absoluto de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario (…) De allí que dentro de los objetivos de la Política de Consolidación de la Seguridad Democrática se encuentre el asegurarle al país de manera permanente unas Fuerzas Armadas cada vez más legítimas.” (Revista Fuerzas Armadas Número 204. Diciembre de 2007. La legitimidad, nuestra arma más importante contra el terrorismo. Juan Manuel Santos Calderón. Ministro de la Defensa Nacional).

Éste párrafo sería casi suficiente para ubicar algunos de los problemas de legitimidad de las FFMM y de Policía. El desespero por la legitimidad los lleva a mentir con descaro y de paso evidenciar las variables que les preocupan. Es claro que ni defienden las “virtudes del Estado de Derecho democrático” y mucho menos respetan los DDHH. En consecuencia la legitimidad es otro fracaso de tantos que tiene la política de seguridad. Fracasos conocidos y reconocidos por aquellos militares que combaten a diario con el Ejército de Manuel.

El entonces Comandante General de las Fuerzas Militares General Freddy Padilla De León, -hoy derrotado y retirado- fue más allá de Santos y puso la legitimidad en términos de “centro de gravedad estratégico de las Fuerzas Militares de Colombia”. Según él, “se fortalece con las líneas de acción de la Política Integral de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. La regulación en el uso de la fuerza exige obrar con eficiencia y siempre dentro de la ley, permitiéndonos ganar el respeto y la confianza de la población y demostrar que el éxito operacional está siempre del lado de quien obtiene su respaldo.” (Revista Fuerzas Armadas 205. Abril de 2008. Control territorial, legitimidad y Consolidación de la Política de Seguridad Democrática. General Freddy Padilla De León. Comandante General de las Fuerzas Militares).

¡Sí general Padilla! De ahí el éxito operacional de las FARC. Del respaldo y del amor del pueblo. Amor que trata de ser invisibilizado por las campañas de desprestigio que incluyen los periodistas y los medios de comunicación. Como lo dijera con cinismo el también general retirado, derrotado y además investigado por criminal, el general Mario Montoya: “Hoy existe una contundente neutralización de sus objetivos pragmáticos inmediatos con el apoyo y el compromiso del papel de los medios de comunicación (identificación con su derrota). (Revista Fuerzas Armadas 208. Diciembre de 2008. La transformación de los ejércitos. Bases fundamentales para la transformación de los ejércitos. General Mario Montoya Uribe Ex-Comandante Ejército Nacional).

En el mismo artículo de Montoya manifiesta su preocupación por la legitimidad. Para el general borracho, “Colombia y sus instituciones legítimas avanzan exitosas hacia la derrota del terrorismo, esta es una realidad porque la legitimidad es ahora la gran responsabilidad y en ella estamos todos comprometidos.” Montoya demostró su compromiso con la legitimidad cuando participó en la masacre de San José de Apartadó. Y de verdad pensó que los medios lograrían ocultarle su complicidad.

Sumemos a estas miradas sobre la legitimidad en las FFMM, la versión de otro derrotado por Manuel, el general Ospina. Sostiene el general, que “desde el punto de vista del Estado colombiano a partir del inicio del presidente AUV, se hizo un replanteamiento en el concepto de centro de gravedad pues si bien las FARC estaban siendo neutralizadas en sus aspiraciones de generalizar su guerra de movimiento, aún era una fuerza formidable, bien distribuida en el territorio nacional y con fuerte apoyo financiero. El gobierno también hasta ese momento había fundamentado su centro de gravedad en la fuerza militar y por ello su legitimidad no era la deseada pues la relación entre las variables no era la ideal. (Revista Fuerzas Armadas 217. Marzo de 2011. Estrategia: conceptualización y enseñanza. El centro de gravedad de la insurgencia tradicional. General (RA) Carlos Alberto Ospina Ovalle. Ex comandante de las Fuerzas Militares de Colombia)

Veamos otro ejemplo. En la “Guía de Planeamiento Estratégico 2012 – 2014” del Ejército, se continua con esta visión reduccionista de la legitimidad, entendida desde la perspectiva según la cual, les basta con respetar la ley para ser legítimos. En el marco conceptual del Plan de Guerra Espada de Honor, sostienen que “La vaina de la espada es la encargada de preservar y guardar la estrategia como garante de los principios y valores que rigen el accionar militar y policial, materializados en la observancia del marco jurídico, sin los cuales es imposible mantener la legitimidad.”

La Guía tiene entre sus referentes objetivos estratégicos, a saber, “Afianzar la legitimidad como pilar fundamental de las FFMM”. La legitimidad la tienen incluida entre las necesidades claves de su estrategia. Para el Ejército, “Neutralizar la capacidad armada y voluntad de lucha del enemigo”, requiere de transformaciones institucionales para obtener lo siguiente: i. “Resultados operacionales alcanzados en el marco de la legitimidad y el respeto por los Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.” ii. “Hombres en la primera línea con el entrenamiento apropiado para el combate, actuando en el marco de la legitimidad.”

Consciente el Ejército de los problemas de corrupción al interior de sus filas y del impacto que eso tiene sobre la legitimidad, también recomiendan en la Guía de Planeamiento Estratégico, actuar con transparencia en sus compras: “Cada adquisición deberá tener como centro de gravedad la legitimidad de las acciones. Es responsabilidad de todos, trabajar por la defensa de la transparencia en la Institución.”

En la misma Guía presentan unos escenarios en los que combinan precisamente variables definitivas en la guerra. Definitivas si seguimos lo expresado por el general Padilla citado arriba: “el éxito operacional está siempre del lado de quien obtiene su respaldo.” Presentamos el cuadro resumen, pero invitamos ir a la fuente para ampliar la información, pues éste no es el espacio para hacerlo.

Y así podemos continuar citando las preocupaciones de las FFMM por la legitimidad, repetimos, no solo en sus publicaciones oficiales y en sus orientaciones para la planeación, sino en otras acciones y cambios institucionales. Siempre con una mirada reduccionista de la legitimidad, pensada solo como consecuencia del respeto a la ley. Nunca preguntándose sobre el origen ilegítimo de esa ley, de quiénes las promulgaron de espaldas al Pueblo y a quiénes beneficia en contravía de los intereses populares.

Tienen que estar muy preocupados las FFMM y el Estado en general. La sintonía de las reivindicaciones de los campesinos y la solidaridad que estos despertaron, con las razones que dieron origen al alzamiento armado no es una casualidad. En la coyuntura que tuvo entre sus mayores ingredientes el Paro Nacional Agrario y Popular, quedó claro, una vez más, cual es el Ejército del Pueblo y cual es el Ejército de la Oligarquía.

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