EL TLC DE VENEZUELA Y EL ASCENSO DE LA BURGUESÍA

Pronto nuestro país estará invadido por alimentos provenientes de Colombia. O quizás de Estados Unidos a través de nuestro vecino. Y no se trata de una novela policíaca ni de agentes secretos.

Luego vendrá otro tipo de invasión, fascista, con apoyo externo y que procurará el control de la estructura burocrática y de la economía venezolana de manera absoluta, sobre todo de los recursos naturales y las más grandes reservas petroleras del mundo ubicadas en la Faja del Orinoco.

Una ocupación que procurará acabar con el legado del Comandante Chávez y todo el esfuerzo del pueblo y los militantes honestos de la Revolución.

Hablamos del TLC venezolano y el ascenso de la burguesía tradicional parasitaria venezolana y el fortalecimiento de nuestros nuevos mejores amigos, los oligarcas colombianos.

La prensa colombiana y venezolana reseñaron hace pocos días que Venezuela comprará a Colombia 40.000 toneladas de leche en polvo, 60.000 cabezas de ganado en pie, 42.000 toneladas de carne, 6.000 toneladas de mantequilla y margarina, 20.000 toneladas de aceite de palma, 32.000 cajas de huevos fértiles y casi 1,7 millones de pollitos de un día.

“Estamos hablando de unos 600 millones de dólares, lo que implica un aumento del 20 por ciento de las exportaciones hacia Venezuela, y vamos a asegurarnos de que el sistema de pagos otorgue las debidas seguridades a los productores (cursivas nuestras)”, explicó el presidente colombiano Santos a la prensa colombiana.

El verdugo

600 millones de dólares en alimentos o un incremento de 20% de las importaciones de productos de Colombia demuestra por un lado nuestra incapacidad para producir alimentos, el poco o nulo crecimiento de la industria nacional de alimentos, y de cualquier tipo, y la alta dependencia de la renta petrolera para importar lo que necesitamos y lo que no, renta que a final de cuentas es secuestrada por la burguesía tradicional y la emergente boliburguesía para mantener su estatus de clase explotadora sobre la gran mayoría.

Por el otro, vemos el fortalecimiento de nuestro verdugo: La oligarquía colombiana, que constantemente conspira contra Venezuela, con sectores y grupos dispuestos a apoyar y financiar una guerra contra nosotros y América como es el caso de la transnacional Pacific Rubiales, dirigida por el ex pedevesas que participaron en el golpe petrolero de 2002, transnacional que financió la campaña de reelección del paramilitar ex presidente Uribe Vélez.

Verdugo que pone a disposición su Ejército a la OTAN para funcionar como contralor de las políticas monroistas en América del Sur.

Neoliberalismo y TLC
Quizá ya no sea el Plan Colombia el único mecanismo por medio del cual los Estados Unidos busquen expandir el conflicto social colombiano hacia los países vecinos para hacer de Colombia el Israel de América y hacer de nuestra región caldo de cultivo para continuar con la política del patio trasero.

A mayor inestabilidad en la región mayor posibilidad de control militar de EE UU y control de las reservas energéticas de América. Es la política del “divide y vencerás” de Sun Tzu.

El Tratado de Libre Comercio firmado recientemente por Uribe Vélez y refrendado por Santos es muestra de ello. Pero, ¿tenemos algo que ver con ese TLC o tenemos nuestro propio TLC, camuflado y mucho más peligroso?

La Constitución colombiana de 1999, aupada por César Gaviria, dio paso al neoliberalismo más atroz que se pudo aplicar en América: Además de la ola de privatizaciones, de la privatización de la educación y la salud, la desarticulación de la producción nacional colombiana, el paramilitarismo creció como la hierba al amparo del Estado y el Ejército colombiano para defender los intereses de la oligarquía y las transnacionales mineroextractivas.

Como lo dijera el sacerdote jesuita Javier Giraldo, el paramilitarismo es una de las murallas que sostienen el Estado criminal en Colombia, el sistema económico extractivista y explotador, excluyente. No bastó depredar sus recursos, sino masacrar su gente, su pueblo. Hoy organizaciones colombianas e internacionales dan cuenta de más de 6 millones de desplazados.

Dos décadas de neoliberalismo bastaron para que más de 50% de sus alimentos sean importados desde Estados Unidos. Solo una camarilla colombiana muy reducida se ha enriquecido desde los noventa con el neoliberalismo y desde la firma del TLC hasta hoy.

Mi nuevo mejor amigo
El anuncio de aumentar las importaciones desde Colombia hacia Venezuela parece de poca preocupación para el Partido Socialista Unido de Venezuela, sobre todo para la burocracia o los burócratas que controlan el poder de la Revolución.

Deja entre ver que el contexto político electoral actual – bajo el régimen burgués- determina decisiones de gobierno. O más bien, y lo que es peor, el carácter parasitario de nuestra burguesía y la estructura económica actual, netamente rentística petrolera-importadora, nos tiene atados a la agenda electoral porque no hay conciencia de clase y la mayoría de la población tiene atada la conciencia al estómago.

“Mi nuevo mejor amigo” dice nuestro epitafio.

La muerte comenzó en noviembre de 2011, cuando Venezuela firmó con Colombia un acuerdo comercial que entraría en vigencia en octubre de 2012.

Denominado Acuerdo de Alcance Parcial de naturaleza Comercial (http://www.tlc.gov.co/publicaciones.php?id=2573), le otorgamos a Colombia arancel cero a 91% de 3.500 partidas arancelarias; mientras que para el otro 9% se le permiten aranceles preferenciales entre 40% y 60% más bajos. Es decir, firmamos un TLC con Colombia.

Esto da cuenta de que en Venezuela no existe un desarrollo de las fuerzas productivas, además la dirección política del gobierno está en franca alianza con la burguesía nacional y colombiana.

Firman un pacto de no agresión que no es más que la firma de su posterior derrota y el ascenso del fascismo de ambas naciones.

Al tema de la inexistente industria nacional debemos sumar nuestra incapacidad para enfrentar la guerra económica de la burguesía (acaparamiento, especulación, apropiación de los dólares de la renta petrolera). Y el fenómeno del contrabando de combustibles y alimentos en el occidente venezolano y los estados fronterizos con Colombia.

Factores que inciden en la recesión económica y la inflación.

Ni el TLC con Colombia ni toda la mercancía “barata” del Mercosur podrán sostener el lamentable panorama económico y político que vivimos. La burguesía lo sabe.

Lo peor del caso es que no tenemos la cultura de trabajo de los campesinos colombianos que hoy paralizan casi toda Colombia con el Paro Agrario convocado en agosto pasado, y ya sabemos lo que eso implica en términos de lucha de clases y apropiación de la práctica política revolucionaria para enfrentar el Estado burgués, a la burguesía y a los que han secuestrado la posibilidad de Revolución (reformistas).

Si Colombia, con toda su industria y burguesía reaccionaria, no ha podido soportar los embates del TLC con Estados Unidos, ¿qué quedará para nosotros?

El coqueteo con la burguesía nacional y colombiana abonan el terreno para el asalto final: La más feroz y criminal de las arremetidas militares y fascistas. Porque el capitalismo nunca está conforme de su enriquecimiento criminal; así lo dicta la lógica de acumulación de capital en toda la historia del capitalismo.

Hoy vivimos la reafirmación de la conciliación de clases que se ha venido gestando en los últimos años, y que está sentada en nuestra Constitución: La permanencia del capitalismo como sistema económico, en convivencia con el sistema de producción social socialista o empresas de producción social (que no terminan de ser tal y que, además, son cooptadas por y desde la burocracia).

Necesitamos una ruptura económica y social con el capitalismo, de lo contrario seguiremos a la deriva en un intento de Revolución que parece depender más de los burócratas que de un partido revolucionario.

Romper además con las reglas del Estado burgués, que no solo han servido para que la burguesía siga su curso en la economía del país sino para que los sectores más viciosos y dañados del chavismo sigan legitimándose en unas elecciones tan iguales como las de la cuarta república.

La historia lo ha demostrado: Los que asaltaron el Moncada y luego lucharon desde la Sierra Maestra fueron victoriosos porque no creyeron en alianzas con la burguesía ni el imperialismo; y los que creyeron que bajo el sistema democrático burgués, con leves reformas, como el caso de los sandinistas en la década de 1980 y Salvador Allende en la década de 1970, fracasaron o los hicieron fracasar por la fuerza del fascismo como sucedió en Chile.

Corremos el peligro de Allende, corremos el peligro de Chile, corremos el peligro que corre toda revolución cuando es secuestrada por factores pequeños burgueses y reaccionarios.

Venezuela, Zulia, 19 de septiembre de 2013

Por Corriente Bolivariana Guevarista

Twitter: @patriadiversa
Correo: traslashuellasdeamerica@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *