Recordando A Las Víctimas De “La Noche De Los Lápices”

A Claudia Falcone, Francisco López Montaner, Horacio Ungaro, Daniel Racero, Claudio de Acha y María Clara Ciocchini los sacaron de sus casas entre las 00:30 horas y las 05:00 de la madrugada del día 16 de septiembre. Ocho días antes secuestraron a Gustavo Calotti y dos días más tarde fue el turno de Víctor Triviño. Emilee Moler y Patricia Miranda (secuestrados el 17 de septiembre) y Pablo Díaz, secuestrado el 21 del mismo mes, completaron la lista de “enemigos de la Patria” que fueron chupados como represalia tanto por su militancia política, como por haber instigado y liderado una protesta que demostró que la lucha popular obtiene sus frutos.

El 16 de septiembre de 1976 varios grupos de tareas liderados por el general Ramón Camps secuestraron en la ciudad de La Plata (Argentina) a seis estudiantes de entre 16 y 18 años a los que torturaron y, posteriormente, desaparecieron. Todos ellos militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Unos días antes ya habían secuestrado a otros dos estudiantes de secundaria. El 17 de septiembre secuestraron a otros dos más, en el marco de una operación que hoy se conoce como “La Noche de los Lápices”, y que culminó con el secuestro de Pablo Díaz el 21 de septiembre. En total, alrededor de 340 estudiantes de todo el país fueron arrancados de sus casas para torturarlos. La mayoría continúan desaparecidos hoy.

Argentina, al igual que gran parte de Sudamérica, estuvo altamente politizada durante la década de los sesenta y la mitad de los años setenta. Junto con la clase obrera del país, que se había levantado para protestar contra el golpe de Estado que obligó a exiliarse a Juan Domingo Perón en 1955 durante 18 años, los estudiantes de todo el país protagonizaron protestas contra las desigualdades sociales y a favor de la liberación nacional y la lucha contra el imperialismo. Fue durante la dictadura de Juan Carlos Onganía (1966-1969) cuando más se agudizaron estas protestas.

Durante casi 20 años, la mayoría de los argentinos lucharon por la vuelta al poder de Perón, quien, influenciado por Evita, había aplicado muchas medidas que contribuyeron a mejorar el día a día de la clase trabajadora. En 1971 Perón designó a Héctor José Cámpora como delegado personal, quien a partir de ese año comenzó a idear un plan para facilitar la vuelta al poder del general exiliado. Tras el fracaso de la Revolución Argentina (nombre elegido por los dictadores para denominar a su régimen, que se extendió desde 1966 hasta 1973) y la promesa de apertura del presidente de facto del país en ese momento, Alejandro Lanusse, comenzó a gestarse la transición hacia la democracia.

El 25 de mayo de 1973 ganó las elecciones Cámpora, que era el paso previo para la vuelta de Perón, ya casado con Isabel Martínez, a quien nombró como vicepresidenta. Durante esta etapa, el reelegido presidente, influenciado por López Rega (ministro de Bienestar Social) comenzó a aplicar políticas más asociadas a la derecha. Perduró un año en el cargo, ya que falleció el 1 de julio de 1974, hecho este que aceleró la derechización del gobierno electo. Fue su esposa, Isabel, quien heredó la presidencia del país, y bajo cuyo mandato y con su consentimiento, López Rega (apodado el Brujo por su afición a lo esotérico) creó una formación paramilitar llamada Triple A.

La Alianza Anticomunista Argentina estaba compuesta por fracciones de la derecha peronista y miembros de la seguridad y las Fuerzas Armadas del país. Su misión era la de secuestrar y asesinar en la clandestinidad a todos aquellos activistas políticos y sociales de izquierdas que supusieran una amenaza para su ideario económico. Seis meses después de la muerte de Perón, el recién elegido ministro de Cultura y Educación, Óscar Ivanissevich, prohibió las actividades de los centros de estudiantes secundarios. En esa misma época, un decreto del Gobierno nacional activó el llamado “Operativo Independencia”, con el objetivo de aniquilar a “los elementos subversivos” de la ciudad de Tucumán, donde se había asentado un grupo de la guerrilla del Ejército Revolucionario del Pueblo.

Protestas por el precio del transporte

Fue en este contexto de represión, violencia y conflictividad social en el que se dieron las marchas por el Boleto Escolar Secundario. Tanto en La Plata como en otras ciudades, en septiembre de 1975 se realizaron movilizaciones de jóvenes, en su mayoría de clase obrera, que pedían una subvención para poder pagar el transporte que los llevaba a sus institutos. El gobierno de Isabel Perón cedió a las reivindicaciones y consintió rebajar a la mitad la tarifa del billete del transporte para estudiantes. Una alegría que no duró demasiado.

El 24 de marzo de 1976 Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Ramón Agosti lideraron un golpe de Estado, autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. Gracias a él, las Fuerzas Armadas, en connivencia con la jerarquía eclesiástica del país, impusieron un régimen del terror hasta 1983 que dejó tras de sí 30.000 desaparecidos y un país en ruinas que contribuyó a enriquecer a la oligarquía argentina y a las empresas estadounidenses que se asentaron allí. En agosto de ese mismo año, se suspendió el boleto estudiantil y los estudiantes volvieron a salir a la calle para protestar por esta subida. Identificaron a los líderes de la movilización y, menos de un mes después, se perpetró “La Noche de los Lápices”.

A Claudia Falcone, Francisco López Montaner, Horacio Ungaro, Daniel Racero, Claudio de Acha y María Clara Ciocchini los sacaron de sus casas entre las 00:30 horas y las 05:00 de la madrugada del día 16 de septiembre. Ocho días antes secuestraron a Gustavo Calotti y dos días más tarde fue el turno de Víctor Triviño. Emilee Moler y Patricia Miranda (secuestrados el 17 de septiembre) y Pablo Díaz, secuestrado el 21 del mismo mes, completaron la lista de “enemigos de la Patria” que fueron chupados como represalia tanto por su militancia política, como por haber instigado y liderado una protesta que demostró que la lucha popular obtiene sus frutos.

Instrucciones contra “la agresión marxista”

Un año después, en 1977, el ministro de Educación publicó un documento llamado “Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo)”, que se impuso como lectura obligatoria en las escuelas de Argentina. Con él, pretendían criminalizar las huelgas, los sindicatos, las movilizaciones o la petición de derechos, definidos como parte del adoctrinamiento de izquierdas calificado como “la agresión marxista”. En este documento se explicaba que había un enemigo infiltrado en la sociedad, el comunismo y el marxismo, contra el que se debía luchar ya que atentaba contra los valores esenciales de la nación: los espirituales, religiosos, morales y políticos, las Fuerzas Armadas o la organización de la vida económica y familiar. Mediante este documento, además, se invitaba a la vigilancia y la denuncia entre los miembros de la misma comunidad educativa.

Pablo Díaz, Gustavo Calotti y Emilee Moler sobrevivieron a las torturas y fueron puestos en libertad algunos meses después de su desaparición. Fueron ellos, especialmente Calotti y Moler, quienes denunciaron que estas detenciones ilegales se habían producido por la militancia política de los jóvenes, y no por una reivindicación aislada sobre el precio de un billete de autobús. Hoy, en toda Argentina, están previstos diferentes actos en memoria de este operativo que simboliza la crueldad de la Junta Militar a la hora de erradicar la ideología de izquierdas e imponer el neoliberalismo sin obstáculos sociales.

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