Cómo Se Gestó El Golpe De 1973: ¿Hay Oficiales Golpistas?

Cuando se habla de oficiales golpistas, la falsa indignación que acoge estas denuncias hace tabla rasa de la experiencia histórica

La revista tunecina Jeune Afrique publicó, el 14 de julio, un comentario sobre Chile titulado “El tiempo de los golpistas”, en el que se traza un paralelo con la situación uruguaya. La publicación africana distingue las diferencias entre ambos procesos. Pero señala que “llegaron a un mismo resultado en cuanto a las instituciones de la democracia liberal que han sido, por largo tiempo, el orgullo de los dos países. Ha sido el ejército quien salió victorioso de la crisis política y económica, para Chile, histórica y social, para Uruguay. Salidos de un mismo punto -el apoliticismo-, los ejércitos de los dos países siguieron caminos diferentes. ¿Esto fue para llegar a este otro punto donde los pretorianos llegan a ser dueños de la situación?”.

La inquietud de la revista Jeune Afrique es compartida por diversos círculos políticos en Chile. Sin embargo, muy pocos se atreven a formularla en voz alta. El temor a tratar objetivamente el papel que desempeñan las fuerzas armadas, su estructura clasista y sus contradicciones internas, y la presencia en su seno de oficiales golpistas, son temas tabú. Por lo regular su tratamiento sincero es eludido por dirigentes políticos y analistas de la situación nacional, que prefieren caer en el lugar común de las alabanzas seudopatrióticas, dejando en penumbras una verdad que se compone de diversos ingredientes.

GOLPISTAS DE AYER

Cuando se habla de oficiales golpistas, la falsa indignación que acoge estas denuncias hace tabla rasa de la experiencia histórica. No vamos a remontarnos aquí al general Ariosto Herrera, que en la década del 30 intentó derrocar al gobierno del Frente Popular. Simplemente pretendemos recordar lo que sucedió en 1970, al momento de ser elegido Allende como presidente de la República. La misma noche del 4 de septiembre, la autorización para manifestar su júbilo en las calles fue otorgada a la Unidad Popular por el general Camilo Valenzuela Godoy, comandante de la Guarnición Militar de Santiago. Las masas -inducidas por frases halagadoras vertidas por dirigentes de la UP- vieron en el general Valenzuela a un militar democrático y amigo del pueblo. Lo mismo ocurrió cuando los comandantes en jefe visitaron al presidente electo, en su residencia de la calle Guardia Vieja. Los saludos protocolares de esos altos oficiales reconociendo la victoria de Allende, tuvieron un auspicioso significado al despejar las inquietudes sobre la conducta que asumirían las FF.AA.

Sin embargo, el complot que culminó con el asesinato del comandante en jefe del ejército, general René Schneider, dejó en evidencia una realidad que hasta ahora, de una u otra forma, se ha eludido encarar. En efecto, quedó demostrado que en el complot no sólo participó un ex general -como es el caso de Roberto Viaux Marambio-, sino también generales en servicio activo, como Camilo Valenzuela Godoy. Entre la gente que se reunía a conspirar con Viaux en una casa de la Avda. Príncipe de Gales, figuraba también el director de Carabineros, general Vicente Huerta Célis; el jefe de la Armada, almirante Hugo Tirado Barros y jefes de la Fach.

El complot -que no trepidó, incluso, en el asesinato- tenía implicados a los más altos oficiales de las FF.AA. y de Carabineros. Seguramente ellos no actuaban solos y si bien posteriormente salieron discretamente de las filas, sus confidentes y compañeros se quedaron adentro.

Dado el curso que siguieron los acontecimientos, bien puede ser que uno de los que se “sumergieron” haya sido el coronel Alberto Labbé Troncoso, director de la Escuela Militar “Bernardo O’Higgins”. Más tarde el coronel Labbé mostró la “hilacha” golpista y fue llamado a retiro. De inmediato se convirtió en candidato a senador del Partido Nacional y sacó una alta votación en marzo de este año, aunque insuficiente para ser elegido. La campaña electoral de Labbé mostró a las claras su ideología fascista, la misma que, sin duda, poseía cuando era un “pundonoroso” coronel a cargo de la formación de los futuros oficiales de nuestro ejército.

Otro que no tardó en mostrar las garras fue el general Alfredo Canales. También llamado a retiro -después de un confuso episodio en que apareció haciendo invitaciones golpistas a la oficialidad de la Armada-. Canales es hoy el sucesor aparente del jefe fascista Pablo Rodríguez Grez, exiliado en Ecuador. El ex general -de “prestigioso pasado” en la institución-, dirige ahora una entidad nacionalista que trabaja directamente por el golpe de Estado. Con o sin uniforme, Canales es un fascista. La diferencia estriba en que antes habría resultado una “infamia” acusarlo de tal, pero hoy, como general en retiro, su mentalidad aparece liberada de toda disciplina.

GOLPISTAS DE HOY

Los nombres de Viaux, Canales, Valenzuela, Tirado Barros, Huerta, Labbé, etc., sirven para demostrar que no es ninguna injuria suponer que hay oficiales golpistas en el seno de las FF.AA. y de Carabineros. El 29 de junio pasado, sin ir más lejos, el teniente coronel Roberto Souper Onfray, jefe del Regimiento Blindado N° 2, se rebeló al frente de sus tanques y trató de copar La Moneda. Su aventura causó 22 muertos, de acuerdo a la mesurada cifra que proporcionaron las autoridades.

La presencia de oficiales golpistas en las FF.AA., así como la actividad golpista más allá de las filas uniformadas, se explica con absoluta lógica por el elevado nivel que ha alcanzado la lucha de clases. La oficialidad está ligada por sistema de vida, vinculación familiar y formación ideológica a la burguesía y sus valores políticos, económicos y culturales. No son escasos, sin embargo, los oficiales que, al igual que otros profesionales, han adherido a la ideología revolucionaria, ligando su suerte a la del proletariado.

El sentido de la cohesión y el “espíritu de cuerpo”, natural a toda institución castrense, ha hecho que hasta ahora los desbordes de un Souper, de un Canales o de un Labbé, hayan sido controlados y puestos al margen por los propios responsables de las fuerzas armadas. Sin embargo, de una u otra manera, los planteamientos golpistas se han ido traduciendo en una actitud que abarca incluso a la oficialidad “apolítica”. Esto explica, por ejemplo, la forma deliberadamente antipopular en que se ha manejado la Ley sobre Control de Armas, embistiendo contra los sectores obreros. Es la ideología reaccionaria -que sirve de soporte al golpismo- la que hace ver en el poder popular a un enemigo de las FF.AA. al que hay que “desarmar” y reducir con el empleo de una máxima severidad. De otro modo, también es la presión del golpismo la que lleva a sectores constitucionalistas a imponer cada vez con mayor peso determinadas normas de conducta al gobierno de la Unidad Popular. Se traduce así -a términos legalistas y políticos- la ideología burguesa que conduce a suplantar, en los hechos, un programa (el de la UP) por otro (el del freísmo y la derecha tradicional).

LA INFLUENCIA IMPERIALISTA

Tampoco tiene nada de extraordinario constatar el peso e influencia del imperialismo en el seno de las FF.AA. Desde luego, lo tiene en otras esferas de la vida nacional: en el plano político, en la cultura y en la realidad económica. A través del Pacto de Ayuda Mutua (PAM) y de otros instrumentos manipulados por las misiones militares norteamericanas, como las anuales Operaciones Unitas, Estados Unidos ha penetrado e influye a su modo en las FF.AA. de casi toda América Latina, incluyendo Chile. La formación de oficiales en sus escuelas “antisubversivas” de Panamá, Puerto Rico y el propio territorio de EE.UU., ha sido uno de los elementos más importantes de esa penetración. Recientemente se ha denunciado que oficiales de la inteligencia naval norteamericana han desarrollado activa labor en la Armada. Cosa parecida puede ocurrir en otras ramas cuyos equipos, tecnología y abastecimiento dependen en gran medida de EE.UU. Para el Pentágono norteamericano, mantener bajo su esfera de influencia a los ejércitos latinoamericanos es una cuestión vital.

El almirante T. H. Moorer, jefe del Estado Mayor de las FF.AA. de Estados Unidos, planteó con claridad el 22 de mayo pasado, en Puerto Rico, el enfoque del Pentágono:

“EE. UU. depende de fuentes extranjeras en 22 de los 74 materiales esenciales que necesita una sociedad industrial moderna. Uno es el cobre. Para fines de siglo se calcula que EE.UU. necesitará importar más de la mitad de su demanda básica de materias primas”. Debido a esta situación, el almirante Moorer preguntó: “¿Cómo es posible que renunciemos a nuestros intereses en el mundo? La respuesta es que no podemos hacerlo. Estamos comprometidos a nivel mundial debido a que nuestros intereses son también a nivel mundial; intereses que comprometen a todos los elementos de nuestro poder nacional: políticos, económicos y militares”. El jefe del Estado Mayor norteamericano reconoció que podrían surgir problemas cuando los intereses de EE.UU. fueran contrarios a los países proveedores de materias primas. Por ejemplo, si EE.UU. necesitara asegurar la importación de cobre y se encontrara con dificultades en países proveedores, como Chile. En ese caso, dijo, el problema se resolvería a través de negociaciones, pero añadió, “la disposición para negociar está relacionada con el poder relativo de regatear de las partes interesadas y, en muchos casos, el poder de regateo es sinónimo de poder militar”.

Esta es la perspectiva en que se mueve el imperialismo en el plano militar. Si a esto se añade la actividad clandestina de la CIA y la que desarrolla en Chile la frondosa embajada norteamericana (a cuyo frente se halla un experto en operaciones conspirativas, como es el embajador Nathaniel Davis), se tiene un cuadro aproximado del poderoso estímulo que entre bastidores recibe el golpismo. La actividad conspirativa reaccionaria se orienta a instrumentalizar a las FF.AA. para sus fines y encuentra terreno abonado entre los sectores de la oficialidad que son parte integrante, en lo ideológico o en lo clasista, de la burguesía.

Editorial PF N° 191 28 de agosto de 1973

Marineros torturados

La situación de los marineros y trabajadores de Asmar (Astilleros y Maestranzas de la Armada) detenidos bajo la acusación pública de profesar ideas de Izquierda, causa honda preocupación. Con alguna lentitud, debido a la prolongada incomunicación en que han permanecido los prisioneros, han comenzado a fluir informaciones que han conmovido a la clase trabajadora. En efecto, se ha sabido que los marineros y trabajadores detenidos fueron sometidos a crueles torturas. Algunas de ellas, en materia de sadismo no tienen nada que envidiar a las que aplican a sus opositores algunos regímenes fascistas como el brasileño. Se ha pretendido arrancarles confesiones para configurar presuntos delitos, entre ellos el de insurrección. Se ha buscado vincular a los suboficiales y marineros detenidos con partidos políticos de Izquierda y con imaginarios planes para apoderarse de buques de la escuadra.

Sin embargo, a pesar de los repudiables métodos usados, el fiscal naval se ha tenido que conformar con acusarlos de “incumplimiento de deberes militares”. Este es un concepto muy vago que, cuando más, sirve para encubrir cargos que no es posible sostener por falta de pruebas. Lo que ha quedado en claro, en cambio, es que los suboficiales, marineros y trabajadores de Asmar detenidos y torturados, han sido objeto de estos tratos inhumanos por su negativa a sumarse a los planes golpistas que descaradamente propugnan sectores de la oficialidad.

Los testimonios en este sentido son variados y elocuentes. Las víctimas de esta insólita represión interna en la Armada, al parecer están unidas por un vínculo común: su decisión de no prestarse para aventuras golpistas que pretenden agredir a la clase trabajadora. Es por eso que la situación de los marineros y trabajadores presos ha despertado la más amplia solidaridad en todo el país. Numerosas organizaciones de masas, partidos políticos, personalidades, órganos de prensa, etc., han protestado enérgicamente por esta situación y han expresado su solidaridad con los detenidos.

Como es lógico, PF se suma a esas manifestaciones. Los trabajadores ven en los marineros hoy torturados, en los militares, aviadores y carabineros que también rechazan el golpismo, a sus mejores amigos. El pueblo está con quienes, dentro de las FF.AA. y Carabineros, hacen lo posible por contrarrestar la creciente amenaza golpista que manipulan la burguesía y el imperialismo.

Punto Final

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